All my friends

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Para mí, hacer balance del año no es decir que me han pasado cosas buenas y malas. Para mí, es darle las gracias a mis amigos por haber estado ahí, como cada día desde el instante en que nos conocimos.

Siempre me he considerado muy afortunado. Soy de los que dicen que los amigos se eligen, de forma más o menos egoista. Pero realmente, son gente a la que conoces y que no quieres dejar ir de tu lado. Gente que te hace feliz y a la que te gustaría poder hacer feliz de algún modo.

A ellos les debo que 2010 haya tenido sentido.

Gracias también a quienes habeis ido leyendo y comentando mis rayadas y mis desahogos. Algun@s os habeis hecho indispensables para mi "sobrevivir" diario.

Os quiero.

sonata...

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Foto: Sam - Canción: Moonlight Sonata

Recuerdo haber llorado camino a casa. Recuerdo haber bebido demasiado. Era el mes de febrero y yo me negaba a cortar los tubos que hacían respirar mis ilusiones.

Me tumbé en un banco de piedra gris. La luz del Sol reflejada en la Luna, la descubría de su escondite vaporoso.

Parece que han pasado sólo quince días.

Deseo que 2010 se vaya, como una maldición exorcizada. Que salga huyendo por la ventana del décimo piso sin dejarse nada atrás y se aplaste contra la acera tibia. Que los transeuntes lo pisen sin remordimientos.

All of your tears...

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Hoy no me apetece mucho escribir. Os dejo con una cancion que me fascina.

Humo

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Foto: Sam - Cancion: Scentless Apprentice



Celebramos la vida como si de verdad fuese un regalo. Yo antes pensaba eso. Cada año, cada fecha que señalamos en el calendario de nuestra memoria... Va pasando el tiempo y las cosas dejan de tener valor, sentido... Yo mismo no encuentro sentido a lo que hago. Ni siquiera a esto que escribo. No quiero decir que mi vida haya perdido el sentido, que quizá. Es sólo que lo que hago no tiene sentido alguno para mí. Hace meses que simplemente me he agarrado a un tronco que baja por el río y me dejo arrastrar.


No he cambiado en mi forma de ser. Yo soy así. Quizá cambie mi actitud a ratos o mi forma de ver a las personas. Ya no creo que todo el mundo pueda tener un lado bondadoso y amable. Ahora creo que todo el mundo miente, que todos tienen una vida que intentan ocultar tras una máscara de cordialidad. Quienes más se esfuerzan en aparentar ser buenas personas, y vienen a buscarte con besos y abrazos, en realidad es a quien más hay que temer. Pero no soy partidario de temer a nadie. A las personas hay que enfrentarlas.


Son problemas, supongo, que tenemos todos. Igual esta autodestrucción no deja de ser una etapa que pueda sacar de mí algo positivo. Igual es como debo ser. Igual debo adaptarme a lo que la sociedad espera de mí! Una cara amable que va clavando puñales. Igual debo reirme de todo el mundo. Pero es que igual, yo no soy igual a ellos, ni me apetece.


Me jode que me inviten a participar en el baile de disfraces. Bailad vosotros con vuestros trajes de zorra. Yo no necesito vestirme de pieles. Me dais un profundo asco. Me repugna poner las mejillas para recibir dos besos tan falsos como vuestra cara de plástico, vuestras poses estudiadas. Mi ventana al mundo es esta. Yo no tengo maquillaje. No intento aparentar nada. Mis defectos son todas esas cosas que no os gustan, y están aquí. No los oculto en una sonrisa estupida. La angustia me supera en estos días en los que se que debería estar muerto.


Cuando tenia 17 tuve un sueño extraño. Fue antes de darme cuenta de hasta donde era capaz de llegar. Yo estaba caminando por las calles del centro. De frente, un policia andaba tranquilo hasta cruzarse con mis ojos. Me miró y comenzó a perseguirme. Yo huía. Lo hice hasta llegar a una esquina. No era capaz de ver nada más que un fondo blanco con edificios grises mal dibujados y las siluetas de muchas personas que venian a por mí. Sus sombras parduzcas amenazaban con algo peor que mi muerte. Yo saqué una Beretta 96FS negra de la chaqueta y me descerrajé un tiro en la boca.


Desperté.


Anteanoche había quedado, pero decidí dormir. Lo mismo ayer tarde... Hoy creo que veré a P. Cuanto más posible se va haciendo nuestra relación, más miedo tengo de que se convierta en algo diferente. Ayer hablamos por telefono. Me contaba los últimos desprecios de su novio. Yo no podía darle consuelo. Lo siento. Toda su canción ya me sonaba demasiado. Es un cuento con un final cercano. Y eso hará libre a P. y a mí me puede encadenar a algo que he estado temiendo.


Pero ese algo es imposible. No quiero rebasar la frontera de los besos a escondidas. De los abrazos descontrolados. No quiero pasar la frontera de esas conversaciones que me hacen reir, porque no me implican. Me niego a ser parte de tus problemas. Yo solo quiero ser la solucion. Seguir alejado de tus paranoyas y ser esa vía que te ayuda a escapar de ellas. Quiero ser el fondo blanco de edificios grises desdibujados. Quiero ser la bala en mi cerebro cada vez que necesites disparar.


Maldito pasado desvirtuado por el asco. Maldito futuro vacío. Maldito presente inerte.


Yo me escondo tras el cerrojo de mis dudas. Ya no hago promesas ridículas. Sigo sabiendo lo que quiero, pero no consigo comprender todo ese humo que impregna mis pulmones y me hace difícil respirar.


Este humo que libero con cada palabra absurda, con cada frase desmembrada, con cada párrafo huérfano de sentido. Con una música que me aturde hasta el punto de hacerme querer destrozar una guitarra sobre el escenario que ocupan mis errores. Todo eso es lo que queda de mí después del vendaval de sueños violados pos mentes vacías. Por corazones llenos de la mierda putrefacta de un engaño.


Y como humo acabaré ascendiendo, hasta convertirme en una nube macilenta que se deshace bajo el Sol, a la que es imposible imaginar ninguna forma, mientras sale de la chimenea.

Creer

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Creer que en un mundo apestado por los dogmas, las intransigencias, la intolerancia, el odio, las luchas de poder, los engaños, la hipocresía, las dobles morales, el juego sucio...

Creer que en un sitio así, puede haber un hueco para el amor, en cualquiera de sus formas.



I let myself flow onwards...
I swim through my mind back and forth.

My soul still sings.
the song we once wrote...

Together.

We once had a dream.
We had everything...

We rode to the end of the world.

We rode on searching.
We climbed skyscrapers.

But they were all destroyed...

The peace is gone now.
I lack balance, I fall down.

Still, I let myself flow onwards.

I swim through my mind.

But I always come back to the same place...

There is nothing left to say.

[...]

A long December

4

Me siento de noche sobre la arena de la playa. Creo que es el mes de julio. He huido de la multitud, de las luces. Solo me acompaña el sonido de las olas, la aburrida luz de la luna. Quiero que llegue el invierno. No, ni siquiera quiero llegar a ver el invierno. Quiero sumergirme en este oceano y flotar despues. Un cadaver que las mareas devuelven a la orilla o las corrientes engullen.

Pero supero julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre. Y llego a Madrid, Bilbao, Tavira, Paris, a la musica, a las camaras de 35mm que me obligan a sonreir, a fingir y a interpretar un papel que me atribuyen. Llego a los hospitales. Me dicen que regrese, que todo se hizo mal desde el principio. Un poco tarde. Y entramos en diciembre. Vuelvo al hospital y al desconcierto de que todo es tan inutil como el primer dia. Y diciembre no termina. Pero tampoco soportaria volver a enero.



A long December and there's reason to believe
Quiza este año sea mejor que el anterior
No consigo recurdar lo ultimo que dijiste cuando te ibas
Los dias pasan tan rapido...


And it's one more day up in the canyons
And it's one more night in Hollywood
If you think that I could be forgiven
I wish you would

El olor de los hospitales en invierno
Y la sensacion de que hay un monton de ostras, pero ninguna perla

All at once you look across a crowded room
To see the way that light attaches to a girl

And it's one more day up in the canyons
And it's one more night in Hollywood
If you think you might come to California
I think you should

Drove up to Hillside Manor sometime after 2 a.m.
And talked a little while about the year
I guess the winter makes you laugh a little slower
Makes you talk a little lower about the things you could not show her

Y ha sido un diciembre largo and there's reason to believe
Maybe this year will be better than the last
No consigo recordar todas las veces que he intentado obligarme
A soportar estos momentos mientras suceden


And it's one more day up in the canyon
And it's one more night in Hollywood
A pasado mucho desde la ultima vez que vi el oceano
I guess I should

Hi Alice...

2

Foto: Sam Canción: We Die Young


- ¡Que calor hace!

- ¿Por qué no enchufas la manguera y te pegas un manguerazo en la puerta?

Al chaval le gusta la redundante idea. No necesita ponerse el bañador. Tampoco lo lleva en su equipaje. Unas calzonas grises y azules cumplirán la función del disfraz de baño que alguien inventó un día para ganar una batalla moral o algunas monedas. Fue hasta el cuarto de baño y sujetó un extremo de la manguera al lavabo. Al abrir el grifo la boca de la larga serpiente de plástico se suelta por la presión del agua

- ¿Cómo aguanto esto aquí? - Grita afanándose por llegar con la voz al otro extremo de la vivienda.

- ¡Hay una agarradera de metal en la estantería!

No necesita ponerse de puntillas para contemplar toda la estantería y distinguir una única pieza que puede ser esa "agarradera de metal" entre botes de colonia, geles y decoraciones más o menos propias. Vuelve a colocar la manguera, la sujeta con el objeto recien adquirido y abre de nuevo el grifo. Ahora la serpiente va engordando en su recorrido hasta la puerta de entrada de la casa, para acabar escupiendo con desdén. El chico va hacia allá y comienza a refrescarse. El agua cae desde su cabeza hasta los pies. El suelo color cemento se va tornando negruzco. Las gigantescas hormigas que lo recorren huyen despavoridas ante semejante cataclismo.

El Sol lanza algunos rayos que chocan contra el torrente de agua y los charcos, reflejando la luz en curiosos dibujos sobre la pared de la vivienda. El pinar no gime hoy. Su lamento es tan sordo como unas pisadas sobre la arena húmeda de la playa. No hay brisa que mueva las ramas del enjambre descontrolado de árboles. Alguien sube el volumen de la radio. Suena un tema de Alice in Chains. La misma persona que maneja el transistor desde otra habitación, apunta el nombre del grupo en un papel.

Es verano de 1995.

Sam entra en casa con los pies mojados dejando un rastro inquieto sobre el suelo. Apaga el grifo mientras la serpiente de goma estertorea y corre empapado hasta el dormitorio a tiempo para escuchar el último minuto de la canción.

Les Etages

4

Estabamos tomando una cerveza en Les Etages, en la Rue Vieille du Temple, en París. Era un bar acondicionado en un viejo edificio, con salones distribuidos en varias plantas. De ahí su nombre.

Fuera llovía, y dentro unos músicos españoles amenizaban en directo con una actuación de folk, caldeando el ambiente junto con los aplausos, gritos y risas del público.

Nos sentamos en uno de los salones. A nuestra derecha una pareja hablaba en francés, otra formada por dos chicas y un poco más alejada en coreano, y una última junto a la ventana en madrileño.

Raphaelle y yo disfrutabamos de la cerveza y de la música que subía por las escaleras próximas. Charlábamos un poco sobre todos esos asuntos de los que se puede hablar con una buena amiga o un buen amigo. La música en vivo cesó, y tras una oleada de palmas, comenzó a sonar el hilo musical. El ambiente no podía ser más bohemio. Mesitas bajas, luces cálidas. El papel pintado de las paredes a parchetones, decorado con carteles de viejas películas. El suave murmullo de las conversaciones cercanas, íntimas como las confesiones de una anciana a su sacerdote.

Hablábamos del amor y Raphaelle dijo algo con lo que días antes le había sorprendido su hermana de 12 años. Me reprodujo las palabras de Agathe.

Who's Sam?

17


A lo largo de todo este blog, supongo que estoy creando una imagen sobre mí. Los que me conocen descubren aspectos que desconocían, y quienes no tienen ni idea de quien soy, pueden hacerse con una imagen mejor o peor. Yo no trato de ocultar ningún aspecto de mi personalidad o de mi caracter y mucho menos de mis ideas. En realidad tampoco es que me importe la imagen que se formen sobre mí personas que no me conocen y con todas, soy la persona menos indicada para hablar de mí mismo a pesar de ser el único que tiene una de las llaves para descubrir al Sam que vive dentro de mi cabeza. Pero realmente... ¿Quién es Sam?

Sam es un tio tranquilo a la vez que inquieto. Seguro a la vez que contradictorio.

Sam nació un día de Abril. Nadie sabe a qué hora. Sam no nació en un hospital. Su nombre no venía de ningún antepasado propio. Sam pronto aprendió que la calle era complicada, que las personas eran complicadas y que tenía rivales a los que hacer frente y amigos a los que ayudar. A veces Sam olvidaba que a los rivales se les hacía frente, y los ayudaba, y también hacía frente a sus propios amigos. Sam estaba confundido, pero de eso hace muchos años.

Poco a poco Sam fue creciendo con su propia conciencia. Se acercó a la religión hasta sentirse lo suficientemente cerca como para darle una patada y huir de ella. Sam trató de pactar con los demonios antes de darse cuenta de que ni siquiera estos existían, o que de hacerlo, él era sin duda uno de ellos. Sam dudaba de sus acciones, pero jamás de sus preguntas sin respuesta. Sabía que alguien debía tener claves para descifrar todo lo que no le pasaba. Sam era incapaz de sentir amor. Sam era capaz de dejarse llevar hasta la muerte.

A Sam le intrigaba todo cuanto le rodeaba. Exploraba cada rincón, cada herramienta. Se aburría pronto de todo, pero nunca de nada. Sam quería respuestas a todas las preguntas.

Sam era infeliz por algún motivo. Se compró su primera guitarra tras mucho ahorrar. Nadie regala nada. Ya sabía tocar algo. Enchufaba la SG donde podía y grababa cintas y cintas de ruido, covers de temas que después olvidaba. Temas propios a los que hubiera podido sacar partido de tener un poco de constancia. Sam era un adolescente introvertido y misterioso.

Vestía desarrapado. El grunge estaba en plena eclosión y lo pilló por medio como una bandada de palomas a un gorrión despistado que minutos antes había encontrado un migajón. En esta sociedad en la que sólo aguantan los más fuertes, Sam no era competitivo y mando a las palomas a tomar por culo. Tan sabias ellas, tan inteligentes y desesperadas por aparentar ser la más gorda de la fuente.

Sam siempre quedó lejos de estas disputas animales. Era feliz con su guitarra, sus amigos... Miento, era infeliz, pero tenía su guitarra y sus amigos. Unos acabaron mal, otros evolucionaron, como haría él después. Encontraría la comodidad, la recompensa a su orgullo. A su profesionalidad y a saber adaptarse. A su sensatez. Pero Sam nunca dejó de ser ese adolescente introvertido y solitario. Todavía le queda mucho de eso. Sam pretende ser autosuficiente, como lo fue hace tiempo, pero un día se enamoró.

Todos esos sentimientos que no entendía, vaciaron su cabeza de inquietudes y se volcó en hacer feliz a una persona que resultaría ser quien más daño le haría en toda su vida.

Sam era un muñeco despedazado que se arrastraba, que miraba al sol sin tener una gota de agua. De pronto los buitres le rodearon. Comenzaron con sus juegos y sus apuestas mientras él se desesperaba por encontrar una pizca de ilusión que llevarse a los labios. Sam pasó del cielo al infierno en cuestión de horas. Y del infierno siguió descendiendo hasta sentarse al lado de Satanás, que lo abrazó y con una mirada jocosa decidió recompnsarle.

Pero Sam no quería esa recompensa que Satanás le mostraba. Pero un pacto es un pacto, y Sam recordó que lo había invocado, supuestamente sin éxito, tiempo atrás. Ahora el Demonio se vengaría de todas las almas que alguna vez jugaron contra Sam, a cambio de la del chico.

Sam perdió su alma y bebió té con el Diablo. Este se le aparecía a veces con forma de gato y le anunciaba presagios. Otras le susurraba en sueños a Sam lo que pasaría, tal y como había venido haciendo desde esa primera noche de blasfemias en que la estampa de la Virgen cayó al suelo.

Sam sabe que está vacío, pero mantiene una absurda esperanza en volver a encontrar esa reacción química que le devuelva un alma que le arrebataron. Sam quiere poder volver a enamorarse, pero de momento se desangra. Su corazón está servido en una bandeja a merced de cuervos y ladrones. A disposición de quienes lo han subastado junto a un cuerpo inerte.

Sam sabe que puede matar con una sola palabra y que puede hacer feliz con un beso, pero Sam ahora es más verdugo que santo y prefiere no dar un beso falso. Poner la cara ya es bastante duro si desea mantener la cordialidad, aunque por eso lo tachen de hipócrita. Al menos Sam nunca dijo un te quiero o un te amo que no sentía. No hizo nada de lo que pudiera arrepentirse, más que de haber sido feliz en 2008.

Sin duda borraría su vida desde ese día. Ahora la desgracia persigue a quien no entró en el pacto, y se darán cuenta más tarde o más temprano. Pensad que no es voluntad mía. Mi voluntad ahora está en seguir tocando mi guitarra. En conseguir y tunear una Fender Jaguar. En los viajes que hago.

Lo hablaba ayer. Sam no tiene ya ilusión por nada. Sólo vive el momento y su autodestrucción es tan visible como irremediable.

¿Qué busca Sam?

Sam ya no busca nada, pero le gustaría hacer feliz a alguien. Compartir sus momentos de alegría, sus inquietudes. Encontrar a alguien que no le traicione de la manera más burda y dolorosa. Sam no soportaría volver a pasar por algo parecido. Sam tiene escrito el día en que morirá. Es una fecha aún por determinar, pero fruto de una cadena de hechos. Si Sam está solo entonces, no habrá manos que le impidan caer al abismo. Ni sogas, a no ser que su cuello penda de ellas. Sam sólo quiere dar. Regalar, pero Sam ha perdido la confianza en los demás hasta el punto que es incapaz de regalar nada. Sam desea que el humo del infierno le abrase las entrañas durante toda la eternidad, porque así no tendrá que preocuparse por nada más.

Sam ya está muerto. Es una marioneta de la que hablan quienes no tienen voz. Está dejando trocitos de un legado que no aporta nada. A Sam todavía le duele su pasado hasta un punto inimaginable. Sam ha buscado ayuda, pero no ha encontrado más que hienas. Sam no es un trofeo de caza.

Sam no ha crecido. A Sam le falta la madurez para poder afrontar la vida que le han robado. Los sueños que deseaba compartir. Las ilusiones que cultivó y que el huracán del odio borró de sus campos. Sam lo tuvo todo y lo perdió sin apostar. Sabiendo que sucedería, como se lo dijo Lucifer en esos sueños desvelados.

Sam busca una mano que lo saque del infierno o que lo empuje definitivamente a lo más profundo.

wind blows

12


Bajo del coche. El aire que viene del mar me cala bajo la fina tela del pantalón de mi uniforme. El frío traspasa mi piel y queda anclado a mis huesos. Entro en el edificio donde trabajo. Camino deprisa para recuperar algo del calor que traía gracias a la calefacción de mi medio de transporte.


Mi compañera esta esperando, ojeando la prensa. La saludo, le sonrío y hago un comentario sobre el clima. Me cuesta trabajo darle el pesame por la muerte de su abuela. Siempre me han costado estos cumplidos sociales. Me limito a preguntarle que qué tal está todo y que si ella está bien. Me sonríe con pocas ganas, pero bromeamos un poco. Es una persona muy agradable y me gusta intercambiar turno con ella a pesar de la poca confianza o de que en realidad no sepamos absolutamente nada el uno del otro.


- ¿Quién viene hoy de vigilante?


- No estoy seguro, pero el coordinador viene mañana, hoy lo sustituye alguien.


- ¿Sí? Que raro, no ha llegado todavía.


A mi también me extraña que no haya llegado. Mi compañera me informa de las novedades y se marcha. Doy un poco de margen y llamo al edificio de enfrente para hablar con los vigilantes de allí. Tras escuchar el mensaje de bienvenida, me doy cuenta que las llamadas están desviadas hacia el teléfono de mi oficina... Por lo pronto soy la única persona de mi empresa con la que puedo hablar o a la que puedo pedirle explicaciones por la ausencia injustificada de un compañero de trabajo.


Enciendo los walkies y cambio a la frecuencia que usan los otros vigilantes.


- Seguridad del resort, ¿me escucha alguien?


Nadie contesta, aunque el aparato se ilumina en modo receptor, como si alguien hablase al otro lado, sólo que no me llega ninguna voz.


Insisto intermitentemente. A veces la señal luminosa de recepción se enciende durante más de 20 segundos, con lo que adivino una respuesta o una comunicación más extendida entre ellos. Yo sigo con lo mio.


- Seguridad del resort, si podeis oirme, yo a ustedes no. Llamadme al teléfono porque el vuestro esta desviado aquí y necesito hablar con vuestro equipo.


Nada de nada. Voy a por la agenda y busco el numero del coordinador. No son ni las 00:30 de la noche, pero su telefono está apagado. Bien por todos. Pruebo varias extensiones del resort, pero bien me sale un fax, bien me devuelve la llamada a mí mismo tras el mensaje de bienvenida, bien suena hasta agotar las posibilidades de que alguien lo atienda, agotando también mi escasa a la vez que infinita paciencia.


Asumo que trabajare completamente solo esta noche. El viento sopla con fiereza y silba entre las ranuras de las ventanas mal cerradas o golpea las puertas que miran al mar. Al océano.


Esta era una de esas noches en las que quería escribir lo que me saliese del alma. Pero bueno, todos van sabiendo ya que no tengo alma. Que si dicen que pesa 21 gramos, ese numero 21 es el que hace que yo muera y todo pierda el sentido. O que siga vivo dentro de esta cáscara inutil que no me protege del frío. Como mi voz en un teléfono que me llama a mi mismo, o retumba en las ondas, en un walkie que no conecta con nadie o que de hacerlo, sólo se les ilumina, como a mí cuando hablan entre sí, preguntándose posiblemente, por qué les ha sonado, qué son esas interferencias, y que es mejor cambiar la emisora a una más tranquila en esta noche desapacible.

Huye a tiempo

6

Has venido caminando
mientras yo trataba de sacarme
de las uñas la pintura negra.
Arañando como un gato
que desesperado ha perdido
la presa.

Con la que jugaba, abstraido.

Has conseguido robar de mis labios
algo más que besos
o un susurro tímido
que sonaba más bien
a balbuceo.

A la voz de un muerto.

Has traído pánico
donde antes había orgullo.
Infantil ilusión
a un corazón que bombeaba
la sangre seca de un anciano.

El humo oscuro del abismo.

Has caído sin sentido
bajo el dominio de la bestia
de mi insensatez
y tu desconocimiento.

Bajo una red de maldad.
Que se ríe de ti
y a mi me deja insatisfecho.

Where did you sleep last night - Sam in Chains cover

5

Mi propia versión de Where did you Sleep Last Night. Cantado al estilo de Nirvana.

Lo siento por el destrozo, pero os aseguro que es mejor que el Come as you are de ramoncin.

Guitarra: Yo
Voz: Yo
Grito final y coros: Diego (vivan las groupies) xDD

Adoro esta canción.

Verdades

3

Habiamos seguido con la cadena de emails planeando un próximo encuentro. Ya las citas y los cometidos de cada cual cerrados, podíamos continuar con nuestras vidas. La mía pasaba por una entrevista con la psicóloga para entrar en unos grupos de terapia. De nuevo salí frustrado del hospital. ¡Quizá a la tercera vaya la vencida! o quizá... qué más da.

Llamé a P. un rato. Me apetecía conversar, y además me había dado un toque momentos antes.

- ¡Hola!

- ¿Qué haces?

- Nada. ¿Qué haces tú mañana?

- Me voy fuera el finde, tengo compromisos.

- Tú y tus misterios.

- Nada del otro mundo. ¿Por qué preguntabas?

- Por vernos.

- Umm... Tengo que estar saliendo de Huelva a las 6 como muy tarde.

- ¿Tan pronto?

- Había quedado antes.

- Vaya...

- ¿Te recojo a las 5 y me acompañas a hacer unos encargos?

- A esa hora suelo dormir...

- Bueno, nos vemos a la vuelta entonces.

- ¿El sábado?

- Que va, el domingo si acaso.

- Bueno, si quieres podemos quedar antes.

- ¿Antes?

- Tengo ganas de verte, desde las tres si te viene bien...

- A esa hora estoy durmiendo yo... ¿Las 4 y media?

- ¡Venga sí!

- ¿Dónde?

- Cerca de mi casa, que ya sabes que me pierdo.

- Eres un caso.

- Jajaja.

- El centro de salud a las 4 y media. 16:30 hora militar.

- Vale está bien. ¡Ahí sé llegar!

- Jaja. Bueno, tengo que irme, hablamos más tarde si eso.

Paso la tarde en el piso de las francesas. Parece que es el año de Francia en Huelva o algo así. Matilde es la única que habla conmigo de manera directa. Sé que Pierre duerme en una de las habitaciones, pero no se dignó a abrirme la puerta cuando llamé al timbre insistentemente. Tuve que esperar sentado en la escalera a que llegasen las chicas.

Luego voy a hacer unas compras para la cena. Después, sentado en el coche camino de vuelta a casa, recuerdo que tengo la cena de empresa hoy. No me apetece ir, pero sí me apetece ver algunos antiguos compañeros y algunas compañeras con las que llevo tiempo sin coincidir.

Llego a casa. Ya me había duchado antes de ir al hospital y no tengo ganas de afeitarme hoy, así que me cambio de ropa y me voy.

Cuando llego, el director me recibe con una copa de cava. Le doy las buenas noches y busco entre la multitud otras caras conocidas. Besos, apretones de manos. Abren la puerta al salón de celebraciones. Al entrar me dan un sobre. Lo abro y contiene un número y dos invitaciones para tomar copas. El número es para un sorteo. Viajes y esas cosas, y como no puede ser de otra manera, es el 86...

Ya hablé de como se repite ese número en mi vida, ¿verdad? Intento quitarle simbolismo. ¿Lo tiene? No puede ser una fecha. En realidad no sé de qué se trata, y de saberlo, quizá tampoco lo diría. ¿Lo sé? Sí, pero ¿por qué se repite tanto? Lo guardo en mi bolsillo. Todavía sigue ahí, lo que quiere decir que no me tocó nada en el sorteo.

Veo a Ana y otras compañeras. Son las chicas de pisos con las que tengo mejor trato. Momentos antes, su jefa me ha dicho que la espere para venirse a mi mesa. Sé de sobra que no soporta al grupo al que voy a saludar, así que lo hago del modo más cariñoso que me apetece. A Ana la abrazo. Llevaba meses sin verla, desde que pidió el cese temporal por la operación de su madre. Es un encanto de persona. A las demás les doy dos besos también cargados de cariño. Me voy con ellas y le digo a su jefa que la dejo sola. Caminamos entre risas y miradas cómplices. No soporto las jerarquías ni la diferencia de clases que hacen algunos. Todos somos iguales aquí.

Me despido de mis compañeros y de los vigilantes antes de ir a trabajar. Entro a las 12 de la noche. Salgo de la fiesta justo antes de empezar el baile, como una cenicienta sin tacones ni carroza de ratones esperándome en la puerta.

El 86... me persigue como una maldición. Quizá esté maldito como Caín, y por eso mi vida es como es y yo soy como soy.

Después de un rato de trabajo voy a por una taza vacía para servirme arriba un poco de té. Accedo al restaurante, la cojo y tomo el camino largo, por despejarme un poco antes de volver con la pesada auditoría.

Cuando me adentro en los pasillos, un teléfono suena en una de las oficinas. Me detengo, espero... sigo caminando hasta ver cual es. Resulta extraño que suene el teléfono de proveedores a las 2 menos cuarto de la madrugada. La llamada es incesante, pero el acceso a esa oficina no está en mi mano, por lo que vuelvo a mis tareas sin darle mayor importancia.

Por unos instantes me parecía estar viviendo una de esas secuencias de película de terror en la que vas por los pasillos vacíos de un lugar frío y un teléfono suena en mitad de la noche. ¿Debería haberme esforzado por atender la llamada? Podría haber resultado como una que recibí una vez en casa de la que tampoco voy a hablar.

Ya digo que me persigue una especie de maldición. Algo que me hace diferente y que puede resultar diabólico. Siglos atrás podría haber sido quemado en la hoguera. Hoy día por fortuna no es un delito anticiparse a lo que va a pasar. Aún así, me empeño en negarmelo. Me empeño en negar mi facilidad para descubrir lo que reposa bajo el subconsciente de las personas. Me empeño en negar mi conformidad mientras me resisto a que todo suceda según dictan las imágenes que acuden a mi cerebro. Como flashes en un fotomatón de esos antiguos, donde podías poner cuatro caras diferentes. De los que salen en las películas en las que se besan los enamorados.

Quiero dejar de sentir esos flashes, o que al menos, me sirvan de algo más que de tormento. Porque sé que son verdades por llegar que no podré cambiar, sin importar mis esfuerzos.

por poner algo

4


Son las 9:10 de la mañana. Ya he desayunado algo, y ahora iré a lavarme los dientes antes de acostarme para tratar de dormir unas horas. A las 15:00 debo estar despierto. Tengo algunos compromisos...

Detesto los hospitales. Odio esperar para salir frustrado.

Van a ser pocas horas de sueño hoy, y cuando salga no se qué haré. Quizá quede contigo, o contigo. Tengo estas dos opciones, una más agradable que la otra, para que engañarnos.

Anoche comencé a leer un libro que me ha prestado Angelical. La Guerra de la doble muerte. Como no tenía mucho que hacer en el trabajo he podido zamparme casi un centenar de páginas. El libro, obra de Alejandro Castroguer, tiene un enfoque que me gusta y escenas que me han encantado, pero también hay aspectos que no acaban de convencerme, me hacen perderme con facilidad o todavía no encajo y espero que se vayan aclarando a lo largo de la trama.

París... Quiero volver a París. Quiero ir a tantos sitios... Me gusta la foto que he subido al blog. En ese momento nevaba mientras esperábamos el autobús para volver al barrio de Pigalle. Estábamos cerca de Notre Dame. Voy a mandarle un sms a mi compañera de viaje. Realmente la echo de menos. Es lo que se hace cuando se echa de menos a alguien, ¿no? tratar de no perder el contacto. Hay quien le da igual eso de perder el contacto. Quizá es lo mejor en muchos casos.

Son las 9:25 de la mañana. Voy a lavarme los dientes y acostarme. Lo siento si habeis leido esto. Necesitaba escribir aunque fuese, como ha sido el caso, para no decir nada.

8 diciembre 1980

4

Hoy lo tengo fácil. Hace 30 años se cargaron a John Lennon. The Beatles, y algunos temas de Lennon en solitario fueron motor en los viajes de mi infancia, acompañándome en los casets allá donde íbamos.

Aquí pegaría subir algo idílico en plan "imagine" o "I don't want to be a soldier" pero ya sabeis que soy poco idílico.

All your lies - Parte de lo que me debes

8

Esta madrugada, a las 4:05 me llega un sms. Me doy cuenta como 20 minutos despues. Es de una de mis exparejas con quien dejé la relación hace casi tres años ya. Era algo escueto que simplemente decía:

A veces te extraño

Tardé como media hora más en contestarle. Mi respuesta fue menos escueta:

Veo k has welto a darle a los mojitos no? xD en fin, no se k decirte. todo el mundo comete errores. kien sabe como podrian haber sido las cosas, no? cuidate

Me esforcé por no ser demasiado borde, pero en fin. Cuando alguien te viene tanto tiempo después con estas chorradas, a uno le entran ganas de decirle que se vaya a la mierda o soltarle una carcajada. Pero Sam nunca fue rencoroso... Tengo defectos, ¡sí!

Pero en el fondo me jode que la gente tarde tanto en darse cuenta de lo que ha perdido. Supongo que en tres años habrá podido reflexionar y experimentar. Aunque por otro lado, me agrada ver que tras tanto tiempo, vuelve a mí de esa manera. ¡Maldita vanidad! Porque como yo lo veo, quiere decir que nadie le ha llegado como yo.

[Modo creido off]

Consejo: cuando tomeis la decisión de mentirle a vuestras parejas, ponerle los cuernos, echar por tierra todo lo que teníais... ¡Hacedlo con todas sus consecuencias! No os arrepintais. o al menos, no tan tarde. No espereis a darse cuenta de lo que habeis perdido cuando veais con claridad y madurez lo que habeis obtenido a cambio. Porque realmente... ¿Qué has ganado?

Una especie de maldición os persigue. ¡Y no es culpa mia! Poned los pesos en una balanza antes de tomar esas decisiones repugnantes que os hagan quedar como lo que realmente sois. Porque igual que somos lo que comemos, somos lo que hacemos y con quien andamos.

Ahora podeis acusarme de falso si eso os hace sentir mejor. Criminalizadme si es lo que os pide vuestra cabeza para obtener la redención, pero no confundais lo que os he dado, con lo que os cuentan. No confundais lo que habeis vivido y conocido conmigo, con lo que os han rumoreado.

Me vienen a la mente muchas canciones... Me saltare el guión y pondré más de una... un par de ellas.




All your fears are lies
All your fears are lies
All your fears are lies

All your fears are lies

See through your
Tripless, falling, limping, crawling,
Biting, fighting, back from dying
Endless ending, comprehending
Nothing of the sin she's sinning

Loosely buying your cheating, your lying
Will make it mine
While never crying
Corralled like a cat
With my head in a sack
And I feel like I'm tied to a railroad track




Cuantas veces lo intenté.
Y no sirvió de nada.
De un millón de formas lo intenté.
Y no sirvió de nada.

¿Lo has sentido alguna vez?
¿Echas de menos algo?
¿Te has arrepentido alguna vez
de haber tenido y de no haberlo dado?

¿Has vuelto de nuevo allí?
¿En qué has pensado?
No te has acordado más de mí.
Que yo no he conseguido nada a cambio.

A veces pienso en lo estúpido que fui,
las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí.

A veces pienso en lo estúpido que fui,
las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí.

Ahora pienso en lo estúpido que fui,
las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí.

Cuervos en Montmartre

8


A medida que caminaba por aquel cementerio de París, trataba de buscar un hueco donde aún cupiese un mausoleo. Algo no muy grande donde poder dar sepultura a los cadáveres de toda una familia, incluyéndome a mí o no.

Las tumbas deterioradas, los cuervos graznando y revoloteando a sus anchas. Los árboles desnudos de otoño y el cielo ennegrecido como un mar revuelto.

Al final lo vi. Un espacio vacío donde construir un pequeño templo en que apilar cuerpos sin vida. Los de las generaciones pasadas y futuras. Donde reposar el mío.

Cuando miro las fotos que hice del cementerio de Montmartre, no puedo evitar pensar en lo extraño que somos los humanos. En cómo será mi funeral. En que no me gustaría que la gente se lamentase, sino que celebrasen con cerveza y grunge que he tenido la vida que he querido. Que he amado y odiado hasta llorar. Que he llorado hasta morir.

Evil eyes

6


¿Te reconoces siempre que te miras a un espejo? Yo a veces tengo esa sensación de que la persona a la que observo no soy yo mismo. Ya he hablado de esto antes... Poseen cierta magia, ¿no?

Recuerdo una vez que subía de noche solo por una cuesta, camino de vuelta a casa. Al pasar junto a unos contenedores, un espejo reposaba sobre ellos. Estaba enmarcado en una madera antigua bien elaborada, pero apenas me fijé en eso, sino en un zumbido extraño que emanaba de él. Miré mi reflejo mientras sonaba aquel ruido absorvente. Era una especie de llamada. De pronto sentí que podía cruzarlo y salir de nuevo transformado en otra persona. No como en ese libro infantil que leí de niño, "Lucas y Lucas" donde era el propio chico reflejado quien salía para compartir la vida con el auténtico. Era como si yo pudiese quedar encerrado ahí dentro. Era un poco como en la obra de Oscar Wilde. El espejo era el retrato de Dorian Gray, y si yo accedía a firmar el pacto, de repente saldría de allí un yo totalmente opuesto al que era hasta ese instante. ¿Pero sería yo mismo a pesar de todo? ¿Sería otra persona y yo quedaría atrapado tras ese cristal, condenado a ser destrozado en mil pedazos?

Seguí caminando cuesta arriba. El zumbido se difuminaba hasta perderse, hasta que alguien volviese a oirlo o hasta ser destruido al día siguiente. Yo llegué a casa y me acosté. Me envolví con las sábanas. Dormí sin pararme a pensar qué habría pasado si hubiese sellado ese pacto macabro, o si realmente había llegado a firmarlo.

Paris... c'est magique

4

Tengo un diario de viaje sobre mi estancia en París que pretendo ir subiendo poco a poco al blog, pero que primero debo pasar a ordenador y comprobar que se me olvidan por contar las menos cosas posibles.

Mientras dejo de adelanto este video... En el aparecemos Julie, Romain, Raphaelle y yo, jugando a un estúpido juego en el que quien perdía tenía que ir realizando una serie de gestos que habiamos inventado, además de idear otro gesto nuevo. Al final acabaron siendo más de una treintena de idioteces consecutivas en las que no nos podíamos saltar el orden o deberíamos repetirlas.

El video está en inglés, francés y español... a ratos... Mi voz es la que suele escucharse "en off" hablando inglés. La actriz principal es Julie, que perdió esa ronda.

Es una chorrada, pero cuando vaya subiendo mi diario de París vereis la parte de magia que encierra para mí.

talking with P.

8

Foto: Sam - Canción: Explosions In The Sky - The Only Moment We Were Alone


P: Caminando sin darte la mano, perdiendome entre la gente, como el agua de un río cuando desemboca en un océano, nuestro turno ya llegó

P: que te parecE?

Sam: :-O

Sam: precioso *____*

P: jajaja

Sam: pero es 1triste final

Sam: :'(

P: como pasa siempre

P: en toda historia hay un final

P: sino es porque el amor se acaba

P: es porque la distancia lo separa

Sam: U_______U

P: o tambien porque la muerte se interpone...

Sam: sip

Sam: siempre hai 1final

P: aish

Sam: yo 1vez crei en el amor para toda la vida

P: y yo creia hace unas semanas, pero me di cuenta de que no, nunca es como uno quiere, las cosas se acaban, y mas cuando eres un adolescente, que quiere probar cosas nuevas sin importar a quien le duela, o lo que pueda terminar, en esta etapa, no se acostumbra a pensar en consecuencias, y acabamos con lo que podria ser un amor para toda la vida

Sam: si

Sam: joder

P: que

Sam: k tienes tanta razon

P: ojala me equivocara...

Sam: ya...

P: y la verdad duele tanto, cuando has estado engañado toda la vida, creyendo en lo que dicen las canciones, en los finales de peliculas...

Sam: totalmente

P: en fin -.-

Sam: U___U

Sam: esta conver va pa mi blog, k lo sepas

closed eyes, smoke and kisses

9

Mi pijama se enreda en el cable del cargador del portatil como en la cuerda de un tendedero. Son casi las 5 de la madrugada. Voy al servicio. 30 segundos y ya estoy. Al llegar a casa un vaso de bebida de soja para tragar la píldora y un mazapán. La pastilla creo que ni me hace falta, pero tengo la sensación de que si no la tomo, no podré dormir y necesito dormir. Los planes de hoy fueron una sucesión de improvisaciones extrañas que llegaron a buen puerto. Besos pactados en un bar, una invitación a subir a casa y un "me tengo que ir, no te olvides de estar mañana allí a las 9"

Me apetece contarlo, porque sé que mañana dejará de tener sentido, y quizá vuelva a pensar de otra manera, aunque dentro de mí siento algo que hacía tiempo no era capaz de sentir. No es ilusión ni nada que se le parezca, pero es como si mi pecho pudiera palpitar de nuevo. No llenarse, pero al menos, no sentirse tan extrañamente vacío.

Soy un ser humano. Esta entrada no tiene sentido sin una foto en la que no se ve como me apretaba la cintura con su mano cuando posábamos. Por eso es una entrada sin foto.

Estoy preparado para dejar atrás, para seguir adelante. Odio depender aún de esta droga maldita que comencé a tomar por culpa de quien no merecía nada de mí. Por culpa de a quien se lo dí todo.

Detesto que se me estén cerrando los ojos y que mañana se abran con pesadez, pero al menos, no lo harán con la inquietud de dónde estarán tus labios, sino con el entusiasmo de dónde van a estar los míos, porque ya tienen destino.

Casualidades...

8


Me ha dado por releer viejas conversaciones de messenger. Tengo contactos con quienes he tenido (y tengo) charlas que a mí me han resultado muy interesantes y buscaba algo que pudiera usar en el blog. Ya hace tiempo se me ocurrió... bueno, me reservo la idea por si algún día la llevo a cabo.

El caso es que leo una conversación de principios de marzo de este año, 2010. Casi un mes antes de mi viaje a Barcelona. Copio un fragmento y cuento la historia.


Amigo: joder cuanta ambiguedad en un solo video

Amigo: no veía esto desde la misa vaticana

Sam: xDD

Sam: bienvenido a los 80

Amigo: http://www.youtube.com/watch?v=nnv83V9M3zM

Amigo: *_*

Sam: rojitaaaaah(8)

Amigo: que putas ganas de ir

Amigo: al concierto enserio

Sam: jaja

Sam: i yo a barcelona

Sam: pufffff

Sam: t vienes?

Enlazamos a Fito con Barcelona, y el episodio que viví en Barcelona guardaba relación más bien directa con esta canción.

La última noche en la ciudad, con las alforjas cargadas de vodka, ibamos buscando un bar que nos gustó la noche antes, próximo a la Plaza Real... pero acabamos en la Plaza del Rey (lo escribo en español por no cometer el error de escribirlo mal en catalán, no me motivan otros impulsos, más que mi ignorancia)

Arriba de la escalinata, sonaba una guitarra. La voz de una chica cantaba "Rojitas las orejas" Poco a poco me fui aproximando. Invitaba a mis amigos a seguirme, a medida que subía tres, cuatro escalones y me sentaba a esperar. Ayudado supongo también por el vodka con sprite en botella de agua, me animé a llegar al último escalón. La chica terminó su canción, iba a apartar la guitarra a un lado y se la pedí.

- ¿Sabes tocarla?

- A ratos.

- Si viene la policía échala a un lado.

- ¿Y eso?

- No eres de aquí, ¿verdad?

- Huelva.

- Aquí la policía te confisca la guitarra. No se puede tocar en la calle.

- Joder.

Tomé la guitarra con la responsabilidad duplicada de no ser mía y de poder perderla, pero al alcohol en sangre le daba tan igual como a mi mono por tocar el maldito instrumento. Nutshell y algunas de Nirvana iban saliendo de aquella caja de madera de forma extraña. Al rato, Cristian, Eva y yo, estabamos charlando con Cristina, Benji y el otro chico alemán. Después llegó el auténtico propietario de la guitarra. Conversaciones, más canciones y para resumir, una noche barcelonesa para no olvidar.

Terminamos con el chico de la guitarra tocando "The man who sold the world" al estilo de Nirvana y yo cantando. Los demás oían, como animalitos en el bosque en torno al fauno con su ocarina. Cuando terminamos el tema, cada grupo tiró por su lado. Mi mejor noche en Barcelona empezó con el tema de Fito.

Me resulta curioso que un mes antes, cuando mi amigo me nombró a aquel grupo y me pasase el enlace de esa canción yo le expresase mi deseo de ir pronto a Barcelona.

A veces pienso, ya no que las casualidades o el destino existen, sino que mi propia vida esta orquestada por mi subconsciente. Que no soy más que un psicópata encerrado en una mente absurda que se compone y recompone y descompone hasta el día en que explote en mil pedazos y salpique todo lo que me rodea.

you're not sorry...

12





Pareces tan inocente
Te creería si no te conociera
Podría haberte amado toda mi vida
Si no tú no me hubieras dejado esperando en el frío
Y tú tienes tus secretos
Y estoy cansado de ser el último en enterarme

Me tenías a tus pies, cariño
Y eso nunca hubiese cambiado
Solías brillar tanto
But I watched our love it fade

Música y letra, Taylor Swift

Recuerdo

9

Foto: Sam - Canción: Come as you are

Recuerdo a esa niña que estaba en mi clase cuando yo tenía 4 años. Que jugábamos con moldes de plastilina y que su nombre era Miriam... Yo había aprendido a leer y escribir un año antes. Casi al mismo tiempo que comencé a hablar. Tardé en empezar a hablar, porque condicionado por un extrañísimo orgullo infantil, no me gustaba que se rieran cuando pronunciaba mal una palabra. Preferí esperar y abrir el pico sólo cuando estuve convencido de que lo que decía, lo decía bien. Al menos eso es lo que me han contado y dedujeron de mi visible ofuscación en aquellos momentos.

Recuerdo como me enseñaban las letras a los 5 años. La "A" era la reina... No comprendo porqué le daban personalidad. Me resultaba divertido, pero como ya sabía escribir, para mí aquello no era ni siquiera un juego de aprendizaje. Me dedicaba a colorear esa "A" antropomorfa y a sus séquito. Recuerdo también que ese año hacíamos el amigo invisible. Me regalaron un Playmobil submarinista. No recuerdo qué es lo que regalé yo.

Recuerdo que a mi hermano le mandaron leer para el colegio un libro. "Platero y Yo" y que mi curiosidad me llevó a abrir las páginas y leer los primeros párrafos, que ni entendía, pero que retuve en mi memoria. "Platero es pequeño, peludo, suave... tan blando por fuera, que se diría todo de algodón" Recuerdo algo de que sus ojos eran color azabache. Fue mi último contacto con la obra de aquel autor. No sabía cómo era el azabache.

Fue por la misma época. con 6, 7 años, se me rompió un tren eléctrico que tenía. Jugaba mucho con ese tren. Era una locomotora gris plata con lineas en azul y rojo que la cruzaban. No me limité a dar por perdido el juguete y lo abrí con uno de los destornilladores de mi padre. Recuerdo que tenía dos cables cerca del botón que lo hacía funcionar. Uno rojo y otro amarillo. El rojo estaba suelto. Pensé que debía ocupar su lugar pegado a la plaquita que se encontraba junto a la que estaba adherido el de distinto color. Yo no entendía de soldaduras, pero tampoco me hizo falta. Lo uní como pude y supe que si se volvía a estropear, simplemente tenía que abrirlo y ver si el cable seguía o no en su lugar.

No es que fuese ningún genio. Era un sencillo observador. Exploraba el mundo que me rodeaba. Tenía todas las inquietudes habidas y por haber. Cuando mi hermano empezó a aprender inglés en el colegio, sentí tanta curiosidad que me leía sus cuadernos de clase a escondidas y repetía los ejercicios, sin saber siquiera para qué podría servirme algo así.

Recuerdo ir corriendo a casa de mi vecino, el que tenía un padre guardia civil, siempre que veíamos alguien pincharse heroína detrás del bloque. Recuerdo avisarlo también cuando veíamos jeringuillas tiradas por el suelo. Manchas de sangre. Un trozo de goma... Recuerdo el miedo porque todo eso estaba infectado de una enfermedad de la que se empezaban a escuchar los primeros detalles. Eran ya finales de los 80.

Recuerdo que era muy feliz y muy curioso.

Después perdí la curiosidad y dejé de ser feliz. Tan sólo era feliz cuando estaba con mis amigos, bebiendo y dejándome llevar. Perdí las riendas de mi vida y pensaba que tenía el mundo a mis pies. Quizá por eso dejé de explorarlo y aprender de él.

Supongo que antes de volver a tratar de ver cómo funcionaban las cosas, debía aprender a ver cómo funcionaba yo mismo. La pena que tomé el camino equivocado y me costó años volver a donde lo había dejado todo de lado.

Y no sé en que situación estoy ahora. Ojalá todo fuese tan sencillo y a la vez tan complejo como cuando tenía 3, 4, 8 años...

La Katábasis de Kaín - Introducción

6


Caín, ¿por qué lo escribes con k?
Es mi nombre, me gusta más así.

La carretera sobre el río parecía no tener final. Los faros del autobús no alumbraban más allá de lo que la niebla permitía que llegasen las miradas. La Luna, como un gran reflejo de sí misma, observaba desde un punto elevado, a la izquierda de los cansados ojos de los viajeros.

El Mario se ha quedado frito, ¿queda mucho?
Ya tenemos que estar llegando, siéntate y deja de preguntar.
Mira, parece que estamos entrando en el infierno.
Que cosas tienes tío. Caín, mira este lo que dice.
Ya lo he oído, dice la verdad.

Siempre que la palabra “infierno” era nombrada en alguna conversación entre los chicos se lo comunicaban a Caín. El mito religioso se había apoderado del nombre del joven a lo largo de toda su existencia. Sin embargo, no guardaba rencor a sus padres por ello, sino que se sentía orgulloso, les agradecía a diario la ocurrencia. Ese nombre no sólo le daba carácter, también le otorgaba poder.

Kaín, despierta, ya hemos llegado.
¿Sí? Me he quedado dormido, nunca me había quedado dormido en un autobús.
¿Qué autobús, Kaín?
¿Tú quien eres?, ¿por qué no hay luz?
Sí que hay luz Kaín, sólo tienes que abrir los ojos.

La Luna estaba oculta a medias tras la neblina; a través de los cristales del autocar, el infinito puente se extendía a uno y otro lado, limitado por la pesada oscuridad. Dentro del vehículo no había nadie. Caín se preguntaba de donde habría salido esa voz. Pensó que todos estarían fuera, que había ocurrido una avería.

¿Hola?

Nadie respondió al tímido saludo de Caín. La única evidencia que el propio chico tenía de haberlo dicho, era el vaho que salió de su boca. Se decidió a levantarse y abandonar el transporte, esperando (inútilmente) reunirse fuera con sus compañeros de clase y los maestros.

¡¿Hola?!.

Queriendo asegurarse ahora de que podría ser oído, elevó la voz, recibiendo igual respuesta que tras su primer intento. El sonido del río, que golpeaba los pilares del puente al pasar bajo él, acompañaba al viento que oscurecía los oídos de Caín impidiéndole percibir con claridad cualquier posible palabra lejana, engañando de este modo el sentido del chaval.

Una silueta, a escasos 200 metros, se alejaba con paso lento, vacilante, por el centro de la carretera. Caín la vio, y su intención fue caminar tras ella. No intentó siquiera detenerla con palabras, quizá desmotivado por sus infructuosos intentos anteriores. Quizá el deseo de seguir a esa silueta, presumiblemente la de una persona, el deseo de no continuar en soledad, impulsó al chico a no quedarse quieto, a no esperar a averiguar nada más que por sus propios ojos.

Espera – la voz apenas le salió. - ¡Espera!

La sombra parecía ignorarle, perdiéndose en la cada vez más espesa niebla. Caín aceleró el paso para tratar de alcanzarla hasta ver como esta descendía por unas escaleras situadas en uno de los extremos del puente. Caín frenó en seco. Había pasado por este lugar miles de veces de camino a su casa, pero no recordaba ninguna escalera. ¿Podía tratarse de un sueño? De ser así, no lograba despertar.

some noise

6




No se si estoy recuperando mi oido musical, o perdiendo la memoria.

Los días libres pasan despacio. Veo lo trilladas que están las teclas del portatil. Algunas letras están borradas. Otras marcadas por la hendidura de pulsarlas con las uñas de mis dedos.

Me espera otra mañana larga. Quizá no tan larga ya. Quiero organizar mi armario. Sé que la tarde se me hará corta. Hoy al menos no tengo que irme a trabajar. Hay camisetas y chalecos que hace mucho que no veo. No es que tenga el fondo de armario de un artista, es sólo que acabo amontonando todo lo que me pongo sobre una silla y voy lavando, comprando y reciclando sin que la ropa entre o salga de mi armario.

Necesito desahogarme, gritar o llorar. No lo sé. Necesito escribir, tocar. Hoy hace frío y quiero sacar ls óleos y pintar algo. Tengo un lienzo al que primero debería limpiar el polvo. No sé qué podría pintar ahí.

Quiero proyectos, ideas. Ahora que me he dado cuenta de lo increiblemente patética y falsa que es alguna que otra persona, necesito evadirme del modo que sea. Dejar que mi mente viaje lejos de mi vida y de mi cuerpo. No es sólo ir a París, como tengo planeado para dentro de unos días. También es estar lejos cuando estoy aquí. Lejos de toda esta mierda de universo que se aleja de mi cabeza, origen del Big Bang de mis sentimientos.

Ayer colgué unas cortinas, recogí un par de mesas en las que había ido acumulando papeles y libros. Hubiera puesto la lámpara del dormitorio, pero primero quiero pintar. Sí, también debo pintar la pared de mi dormitorio. Quizá empiece por eso. Me resultará más sencillo que buscar una idea para el lienzo. Y mientras se seca, puedo tocar la guitarra, tomarme una cerveza, invitar a algún amigo o amiga para charlar distendidamente con música de fondo.

scrambled eggs

6


- Vamos a mi casa, ¡te invito a desayunar!

- Venga.

- ¿Qué quieres tomar?

- Me da igual, la verdad.

- ¿Bacon y huevos revueltos?

M. me mira con complicidad. Le sonrío.

- Guay.

Vamos hasta el coche. La casa de M. está a pocas calles de la mía, pero a pie son más de 20 minutos.

Suena "Rape me" de Nirvana. M. dice:

- ¡Deja esta! La adoro.

La dejo y me pongo a corearla. M. también corea. Llegamos a su barrio. Aparco y vamos hasta su casa. Bueno, no es exáctamente su casa.

En realidad es una casa de citas. M. trabaja allí. No ejerciendo. Su labor podría decirse que es... el proxenetismo... no voy a andarme con más rodeos.

Llama al portero. Nadie contesta.

- ¿No están Edward ni Nikol?

- No, Edward debe estar en el gimnasio. Voy a llamar a Nikol.

Insiste con el teléfono hasta que consigue hablar con ella.

- ¿Donde anda?

- Dice que está en el Mercadona. Vamos a esperarla aquí.

Nos sentamos frente al portal. Charlamos. Salen unos vecinos que ni nos miran.

- No es que nos llevemos muy bien con los vecinos.

- Ya me imagino.

- El otro día vino la de enfrente gritándome porque la otra chica que teníamos habia colgado una toalla a secar en su cuerda.

- Jeje - Río sin demasiado entusiasmo.

- Abrí la puerta, al principio pensamos que era la policía porque insistía mucho, y cuando le abrí empezó a gritarme. Le dije que volviese cuando fuese más educada y le cerré la puerta en las narices.

- A la gente se le va.

A todo esto se acerca un hombre, bien entrado en los 50. Más bien saliendo de ellos. Se acerca al portal y toca uno de los timbres. Espera, mira a todos lados, nos mira de reojo a M. y a mí. M. me susurra.

- Este es un cliente.

- ¿En serio?

- Verás.

Alguien abre la puerta para salir del bloque, el hombre aprovecha para entrar. A los dos minutos baja.

- ¿Ves? Te dije.

- Pero si le han abierto el portal, ¿no?

- Sí, pero eran unos vecinos que salían. ¿No te fijaste?

- No me di cuenta.

- Además, observa.

Me señala a la esquina de la calle. El hombre está allí de pie, mirando a todas partes.

- ¡Ahí llega Nikol!

Nikol viene cargando con una bolsa. M. y yo no nos movemos de nuestro asiento.

- Nikol, ¿está esperando un cliente?

- Sí. ¿Vino?

- Está allí. Nikol mi amor, cuando suba ábranos el portal.

Nos quedamos sentados. El hombre se acerca al portal, llama. A la chica ni le ha dado tiempo a subir. Tarda apenas un minuto en atender el portero y abrir, pero aquel tipo ya se va calle abajo de nuevo.

- Mierda, le asustamos. Bueno, vayamos para arriba.

Entramos al piso.

- Nikol mi amor, el cliente se fue.

- ¿Se fue?

- Sí, llámelo, dígale que usted acaba de llegar.

- Ahora mismo.

Nikol coge el teléfono y llama.

- Ay papito, ¿usted me estaba esperando? Sí, yo ya estoy aquí mi amor, suba, estoy preparada para usted.

Nos metemos en la habitación de M. mientras sube el cliente. Tras cinco minutos Nikol abre la puerta del cuarto y entra.

- ¿Pues no que quería hacerlo sin condón?

- ¿En serio?

- Si mi amor, imagínese. ¿Quien quiere hacerlo sin condón con una puta?

- Vaya tela... - Intervengo.

- Bueno, vamos a desayunar. ¿Usted ya desayunó Nikol?

- Ay no, pero no puedo.

- ¿Está a dieta?

- Sí. - La chica contesta con timidez. - Tengo que mejorar este cuerpito.

- Pero si usted está relinda Nikol.

Nikol hace el gesto de sonrojarse bajando la mirada. M. ya ha puesto a derretir mantequilla en un cazo.

- Te van las grasas vegetales, ¿no? - Bromeo.

M. me mira y me sonríe.

- ¿Qué te parece?

A mí no me habla de usted. No sé si es porque soy español o porque ya ha dejado de respetarme.

Corta el bacon en pedazos, los rehoga con la mantequilla. Me repugna un poco esa mezcla de grasas, pero no se lo digo. Luego echa cuatro huevos sobre el bacon dorado.

- ¿Los quieres revueltos?

- Guay.

Pica las yemas con la cuchara, me mira y sonríe de nuevo. Me besa. Vuelve al cazo y bate los huevos con el bacon y la mantequilla. Suena el timbre.

- Nikol, ¿Usted esperaba otro cliente?

La chica no responde. M. va a abrir la puerta. Veo que habla entre risas con una mujer. Regresa.

- ¿Quien era?

- La del video comunitario.

Yo de mientras había estado terminando de batir los huevos y los había retirado del fuego.

- ¿Qué vas a tomar para beber?

- Tenías té, ¿no?

Abre el armario y me da a elegir entre varios tipos.

- Este va bien.

Desayunamos sin prisa. Otro cliente llama a Nikol.

- Bueno, yo voy a ir marchándome.

- ¿Ya te vas?

- Sí, tengo que hacer algunas cosillas en casa.

Suena la puerta, es Edward, que llega del gimnasio. Nos saluda afablemente.

- ¿Que tal cómo están?

Me despido de Edward, de Nikol y de M. Llego a casa, me tumbo en la cama, me pongo la pastilla debajo de la lengua. A mi cabeza acuden imágenes que quiero borrar. Como si estuviese cayendo de un edificio de 300 plantas y reviviendo los tres últimos años de mi vida. Detesto caer y no ver nunca el final. Una caída eterna, insoportable. Quiero ver el suelo de una vez.

Pandémica y celeste - fragmento

10


Oyendo otro viejo caset, donde tras un EP de Diabologum había algunos poemas, escuché íntegro Pandémica y Celeste, de Jaime Gil de Biedma.

Había otro de Bukowski, Como una flor bajo la lluvia, pero soy más de Biedma.

Hoy me siento como en este poema suyo. Me di cuenta después de escucharlo, leído por el propio autor, en esa vieja cinta.




[...]

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

- Pandémica y Celeste - Jaime Gil de Biedma

de 90

4


Me acuerdo cuando compraba "casets" para grabar mi musica. Compraba una cinta de 60, o de 90, en función del dinero que tuviese o lo que quisiera grabar.

Me hacía recopilatorios de los vinilos que rondaban por casa, me grababa alguna cinta o algún cd de un amigo, o me grababa a mi con la guitarra o diciendo gilipoyeces...

Ahora buscaba un caset de los Melvins y he encontrado esta cinta que me grabaron en los 90. La menciono en mi diario...

3-9-1996

[...] Tengo que llamar a Luis para decirle que me grabe unos inéditos de Nirvana, y para ver que va a hacer en fin de semana. Tengo que aprender a no pensar en el futuro.

10-9-1996

El otro dia me grabaron unos inéditos de Nirvana que son la caña. Hoy mismo he sacado una canción con mi guitarra. [...]

Está sonando la cinta ahora en mi equipo de música. Hace unos días, mirando papelotes que tenía por mi escritorio, encontré algo que tenía escrito. Lo escribí en febrero de este año. Era la letra de una canción... Me gustaría ponerla aquí, pero antes quiero sacarle unas notas con la guitarra y ver cómo cantarla.

Adoro esta cinta. Cuantos recuerdos. De pronto estoy a finales de verano, en Punta por la noche. Tenemos una botella de refresco de limón mezclado con vodka para Luis y para mí. Vamos de la ría a la calle ancha, de la calle ancha a los pisos de Vero. De vuelta a la ría con todos los demás. Nos sentamos en el suelo o en un banco. De pronto bajo a mear a la ría y vuelvo. Estamos con las coñas toda la noche. Adoraba a ese grupito. Ahora cada uno tiene su vida. Es lo que pasa. No hay nada que dure para siempre. Es como lo que puse en mi diario ese 10 de septiembre del 96. tengo que dejar de pensar en el futuro. Me lo dije en mi más aterradora adolescencia y todavía no lo aplico.

Le doy la vuelta al caset. Mi equipo tiene autoreplay, pero no autoreverse... practicamente como mi propia vida... ¿Dónde tendré la cinta de los Melvins?

in chains...

0



A meal a day, a meal, I say
And my heart's made my ...

Somebody else already used the word 'aurora-borealis'
She was tied up in chains, and Sam had helped her in the freezer

She's only five weeks late, but I haven't had a date forever ...
Ever ... ever ... forever!

Help me stay awake

8

i'm falling...


Foto: Sam in chains Canción: Counting Crows - Perfect Blue Buildings


A veces tenemos un pie ahí... al borde de algo que tan sólo tenemos que rodear, saltar, esquivar. Son obstáculos que nos impiden seguir adelante con nuestras vidas o con lo que sea que queramos hacer, bueno o malo, terrible o peor.

Yo no sé si hubiera pasado la pierna sobre la baranda. Tengo sueños, todavía los conservo. Me gustaría saltar en paracaidas, por ejemplo. Siempre he sido muy tranquilo, pero siempre he vivido al límite. Sí, también he sido muy contradictorio.

Es fácil verlo todo desde arriba. Te asomas tras esos barrotes decorados con un arte demasiado elaborado. Sabes que estás a salvo. Pero también sabes que si te sientas al borde del murito, corres peligro. Puedes caerte, hacerte daño, morir.

Y morirse es una putada para los demás. Para quienes te acompañan en este viaje por el mundo absurdo de las fantasías de otros y tus sueños negados y violados.

Pero aún así, ya digo; me gusta soñar.

No tener pesadillas, como estos últimos meses, en los que cada momento despierto o dormido, en mi mundo real o en el onírico han sido tormentosos. Pero no como esas tormentas en las que te quedas en casa, enciendes la chimenea y oyes la gotera de la cocina mientras la lluvia golpea con fuerza los árboles que rodean tu casa. Es como una tormenta en mitad de un océano y vas subido en una barca pequeña, al descubierto. Es una de esas tormentas en las que deseas hundirte con los pedazos de madera que te mantienen a flote.

Esa es la diferencia entre apoyarte en la barandilla o pasarte al otro lado, balancearte confiando en la fuerza de tus dedos, que se aferran al ladrillo viejo y gastado. Cerrar los ojos y dejarte caer, confiando que alguien te recoja, o que nadie te eche de menos.


It doesn't get much worse than this
In beds in little rooms in buildings
in the middle of these lives
which are completely meaningless
Help me stay awake, I'm falling...

God am

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He empezado un nuevo diario, creo que ya lo comenté... Creo que será el último que escriba. Es un cuadernito con tan sólo 30 hojas creo. No las he contado, me he fiado del número en árabe que aparece entre los caracteres japoneses de la etiqueta de contraportada.

Espero que el boli morado me dure a lo largo de todo el diario... Apenas se nota el color, pero es una de esas chorradas que me hace ilusión. Quien me conoce ya sabe que me ilusiono con la tontería más insignificante.

Bueno, me termino el desayuno, leo algo de mis anteriores diarios y me duermo. Ultimamente no he avanzado en la lectura de 1984. Incluso tengo un par de comics a medio leer. Tampoco he retomado el guión de la serie. No estoy haciendo mucho por mí. Ni siquiera estoy centrado en este nuevo diario-testamento. A ver si voy a Paris dentro de dos semanas que tal me sienta.

El Incidente - Introducción

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Lo que os traigo hoy, es el comienzo de una novela que empecé hace unos meses, pero que dejé abandonada, principalmente porque quería explorar e investigar un poco sobre algunos aspectos científicos que desconozco y desearía incluir.

Es una primera versión, sin repasar ni retocar. Una leve introducción que no nos cuenta nada. Espero que al menos os entretenga.

Thanks!




EL INCIDENTE


- ¿Y hasta donde cree usted que podría llegar el ser humano?
- ¿Hasta la extinción probablemente?
- ¡No vaya tan rápido!
- ¡Pero si acabo de ahorrarle milenios de dudas!
- Ojalá tuviera milenios para plantearme y buscar respuesta a cada una de las preguntas que me van surgiendo.
- Usted ya es casi un dinosaurio.
- Que romántico ¿verdad?
- ¿Yo?
- ¡Los dinosaurios!
- ¿Incluso más que yo?
- Sin duda. ¡Dese cuenta! Nos hacen pensar y nos hacen soñar. Incluso el enigma de su extinción es extrañamente atractivo.
- Ahora si me intriga.
- ¿Qué cosa?
- ¿Hacia donde cree que vamos? ¿Hasta donde cree usted que podría llegar el ser humano?
- Sin frenos hacia nuestra propia extinción.

Los dos retuvieron esa cuestión en sus cabezas mientras continuaban trabajando, cada uno con un ordenador. Sus mesas, prácticamente una a espaldas de la otra hacía que sus conversaciones pareciesen diálogos internos.

- Me asusta eso de la extinción, pero más a nivel personal.
- ¿Se explica?
- Me preocupa mi propia extinción, vaya.
- Como a casi todos supongo.
- Es lo que usted decía, eso de disponer de milenios para descubrir en qué acabará todo esto.
- Una pena que no lo vayamos a ver nosotros.
- Quizá un budista ¿verdad?
- Los budistas son personas con un miedo terrible a la muerte.
- No sé. Todas las religiones parece que pretenden que las personas perdamos el miedo a morir, nos cuentan que vamos a un lugar maravilloso.
- Bueno, nos quitan el miedo a morir a cambio de crearnos el miedo a vivir.
- Nunca pensé que fuese usted tan ateo.
- Supongo que se cumple la vieja tradición del científico ateo. ¿Le sorprende?
- No es eso. Su generación…
- Mi generación se educó en el miedo a los hombres.
- Gracias por la herencia.
- Jajaja. Me gusta que sea tan claro. A veces creo que no tiene la más mínima empatía.
- ¿No? Me encantan los gatos. ¿No le vale?
- Seguro que a Hitler también.
- De algún sitio sacaría la idea del bigote ese hombrecillo.
- Usted sería un buen político. ¿Nunca se lo ha planteado? Tiene la edad perfecta para comenzar a echarle cara.
- ¿Mentirle a millones de personas sólo para ganarme favores y disfrutar de una jubilación millonaria?
- El científico ateo y el conspiracionista... ¡Aterrador!
- Le da miedo que me vuelva un paranoico.
- Me da miedo que los seres humanos caigamos en los tópicos con tanta facilidad.
- Quizá no es que los científicos seamos ateos conspiracionistas, sino que los ateos conspiracionistas nos hacemos científicos.
- Y eso acabaría con los clichés.
- No creo, la ignorancia nunca lo permitiría.

El hombre de mayor edad apaga su ordenador y se queda observando la pantalla en negro durante unos segundos con rostro inquisitivo. Su rostro cambia con un suspiro que lo saca de su efímero trance.

- Váyase a casa, tampoco hemos salvado el mundo hoy.
- ¿Le acerco?
- No se preocupe, me quedaré aquí un rato más con los archivos. Además, tengo la moto en el almacén.
El hombre más joven era alto. Con el pelo castaño algo descuidado y un gesto amable a pesar de su cinismo. Su apariencia era más la de un estudiante despistado que la de un científico.

Detuvo su coche en la acera frente a un local de comida para llevar. Llovía cuando cruzó la carretera. Sujetaba su abrigo largo para cerrarlo al pecho y fruncía el rostro contra una insistente lluvia.

- Buenas noches.

El dependiente le contestó con una mirada.

- Dígame.
- Me llevo un quince y un veintiuno. ¿Cerveza tiene?
- Latas.
- Un par de ellas.

“El profesor se va a empapar en la moto” pensó mientras regresaba a su coche. “¿Ves como sí tengo empatía?”

Giró sancionablemente para emprender el camino de regreso al laboratorio. Sólo le llevó quince minutos llegar y aparcar en la misma entrada al edificio. Una construcción oscura de ladrillo visto con más de 30 años. La puerta principal estaba bloqueada desde el interior, por lo que la llave del chico no sirvió para nada. Rodeó el bloque hasta llegar a la puerta lateral de servicio. Abrió y accedió directamente al almacén. “Bueno, la moto sigue aquí, espero que le guste el beicon”

Al ir a encender la luz de la escalera que subía a los despachos, se dio cuenta de que no funcionaba. Habían saltado las luces de emergencia por lo que debía tratarse de algo general. “Habrá bajado a encender los fusibles, subo y lo espero en su oficina”

Pero la escena se tornaba más siniestra por momentos. La mesita de té del descansillo estaba tirada en el suelo junto con la planta que solía descansar sobre ella y un refregón de algo que podía ser sangre presagiaba algo terrible. El chico soltó la bolsa con su cena y miró alrededor, buscando de manera desesperada algo que le sirviese como arma. Los indicios no relataban algo parecido a un accidente doméstico. Se le enturbió la visión con nubes blancas. Cerró los ojos y respiró con fuerza tratando de calmarse. Se quitó el abrigo y caminó decidido hacia el despacho de su compañero.

El hombre yacía bocabajo en un charco de su propia sangre.

- ¡Profesor!

Esta brotaba de una enorme brecha en su cabeza que le teñía el pelo de rojo. El joven se lanzó a tratar de detener la hemorragia con bastante frustración, ya que el flujo no cesaba. Comprobó el pulso de su compañero palpándole el cuello para descubrir que carecía de latido. Se levantó con vehemencia y fue a buscar su abrigo al pasillo. Sacó un teléfono móvil del bolsillo interior y marcó el número de emergencias.

Tras explicar la situación volvió junto al cuerpo inerte de aquel hombre. Trató de modo fútil taponar la salida de sangre con un trapo y volteó el cuerpo. Le buscó nuevamente el pulso y apoyó suavemente la cabeza del cadáver sobre un cojín.

Se puso en pie y miró a su alrededor. Había algunos cajones abiertos y revueltos, algunos papeles y otros efectos por el suelo o encima de las mesas… Esto hacía pensar que quien fuera había encontrado lo que buscaba rápido, o que había tenido que salir a toda prisa sin terminar su labor. El chico estaba angustiado. Se sentó en uno de los sillones de piel marrón y comenzó a llorar sin consuelo.

Los servicios sanitarios de urgencia y la policía no tardaron mucho en llegar.

“Muere de forma violenta uno de los investigadores del Proyecto Boreas, el cual se encontraba en su primera fase de desarrollo. Se desconocen las causas y si estas están relacionadas o no con la actividad científica de la víctima. De momento no hay identificado ningún sospechoso”

- No debió haber tocado el cuerpo.
- Lo lamento… yo…

La discusión se desarrollaba en uno de los despachos del cuartel de policía.

- ¿Modificó algo más de la escena del crimen aparte de la posición del cadáver?
- Absolutamente nada. Pensé que podría hacer algo por él, por eso…

El inspector le interrumpió de nuevo.

- Necesito que me relate de nuevo el tiempo que estuvo fuera.
- Poco más de media hora. Fui a por algo de comida, y como llovía volví por si el profesor quería que le acercase a su casa. Ya se lo he contado todo en mi declaración.
- Su coartada hasta el momento es plausible, pero mientras terminamos la autopsia, le pedimos que esté localizable. Podría convertirse en sospechoso.
- Entiendo.
- ¿Mantenía alguna rivalidad con el profesor?
- ¡No! ¡En absoluto! Yo…
- Trabajaban juntos en un proyecto.
- Sí, el Boreas.
- ¿Puede relatarme sobre qué trata?
- Los medios se hicieron eco de él hace algún tiempo, y pueden consultar el dossier que les facilité. No es ningún secreto de estado.
- Pero la investigación se llevaba en secreto…
- Los procedimientos y los resultados sí. El objetivo no.
- ¿Destacaría algo sobre los resultados obtenidos?
- Realmente no. Nada para matar a una persona, desde luego.
- Bueno, puede ir a casa a descansar. Le insisto en que permanezca localizable y le recomiendo que busque un abogado.

El joven se levanta y antes de dirigirse hacia la salida, mira de soslayo al policía.

- Gracias.
- Descanse.