Paris... c'est magique

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Tengo un diario de viaje sobre mi estancia en París que pretendo ir subiendo poco a poco al blog, pero que primero debo pasar a ordenador y comprobar que se me olvidan por contar las menos cosas posibles.

Mientras dejo de adelanto este video... En el aparecemos Julie, Romain, Raphaelle y yo, jugando a un estúpido juego en el que quien perdía tenía que ir realizando una serie de gestos que habiamos inventado, además de idear otro gesto nuevo. Al final acabaron siendo más de una treintena de idioteces consecutivas en las que no nos podíamos saltar el orden o deberíamos repetirlas.

El video está en inglés, francés y español... a ratos... Mi voz es la que suele escucharse "en off" hablando inglés. La actriz principal es Julie, que perdió esa ronda.

Es una chorrada, pero cuando vaya subiendo mi diario de París vereis la parte de magia que encierra para mí.

talking with P.

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Foto: Sam - Canción: Explosions In The Sky - The Only Moment We Were Alone


P: Caminando sin darte la mano, perdiendome entre la gente, como el agua de un río cuando desemboca en un océano, nuestro turno ya llegó

P: que te parecE?

Sam: :-O

Sam: precioso *____*

P: jajaja

Sam: pero es 1triste final

Sam: :'(

P: como pasa siempre

P: en toda historia hay un final

P: sino es porque el amor se acaba

P: es porque la distancia lo separa

Sam: U_______U

P: o tambien porque la muerte se interpone...

Sam: sip

Sam: siempre hai 1final

P: aish

Sam: yo 1vez crei en el amor para toda la vida

P: y yo creia hace unas semanas, pero me di cuenta de que no, nunca es como uno quiere, las cosas se acaban, y mas cuando eres un adolescente, que quiere probar cosas nuevas sin importar a quien le duela, o lo que pueda terminar, en esta etapa, no se acostumbra a pensar en consecuencias, y acabamos con lo que podria ser un amor para toda la vida

Sam: si

Sam: joder

P: que

Sam: k tienes tanta razon

P: ojala me equivocara...

Sam: ya...

P: y la verdad duele tanto, cuando has estado engañado toda la vida, creyendo en lo que dicen las canciones, en los finales de peliculas...

Sam: totalmente

P: en fin -.-

Sam: U___U

Sam: esta conver va pa mi blog, k lo sepas

closed eyes, smoke and kisses

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Mi pijama se enreda en el cable del cargador del portatil como en la cuerda de un tendedero. Son casi las 5 de la madrugada. Voy al servicio. 30 segundos y ya estoy. Al llegar a casa un vaso de bebida de soja para tragar la píldora y un mazapán. La pastilla creo que ni me hace falta, pero tengo la sensación de que si no la tomo, no podré dormir y necesito dormir. Los planes de hoy fueron una sucesión de improvisaciones extrañas que llegaron a buen puerto. Besos pactados en un bar, una invitación a subir a casa y un "me tengo que ir, no te olvides de estar mañana allí a las 9"

Me apetece contarlo, porque sé que mañana dejará de tener sentido, y quizá vuelva a pensar de otra manera, aunque dentro de mí siento algo que hacía tiempo no era capaz de sentir. No es ilusión ni nada que se le parezca, pero es como si mi pecho pudiera palpitar de nuevo. No llenarse, pero al menos, no sentirse tan extrañamente vacío.

Soy un ser humano. Esta entrada no tiene sentido sin una foto en la que no se ve como me apretaba la cintura con su mano cuando posábamos. Por eso es una entrada sin foto.

Estoy preparado para dejar atrás, para seguir adelante. Odio depender aún de esta droga maldita que comencé a tomar por culpa de quien no merecía nada de mí. Por culpa de a quien se lo dí todo.

Detesto que se me estén cerrando los ojos y que mañana se abran con pesadez, pero al menos, no lo harán con la inquietud de dónde estarán tus labios, sino con el entusiasmo de dónde van a estar los míos, porque ya tienen destino.

Casualidades...

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Me ha dado por releer viejas conversaciones de messenger. Tengo contactos con quienes he tenido (y tengo) charlas que a mí me han resultado muy interesantes y buscaba algo que pudiera usar en el blog. Ya hace tiempo se me ocurrió... bueno, me reservo la idea por si algún día la llevo a cabo.

El caso es que leo una conversación de principios de marzo de este año, 2010. Casi un mes antes de mi viaje a Barcelona. Copio un fragmento y cuento la historia.


Amigo: joder cuanta ambiguedad en un solo video

Amigo: no veía esto desde la misa vaticana

Sam: xDD

Sam: bienvenido a los 80

Amigo: http://www.youtube.com/watch?v=nnv83V9M3zM

Amigo: *_*

Sam: rojitaaaaah(8)

Amigo: que putas ganas de ir

Amigo: al concierto enserio

Sam: jaja

Sam: i yo a barcelona

Sam: pufffff

Sam: t vienes?

Enlazamos a Fito con Barcelona, y el episodio que viví en Barcelona guardaba relación más bien directa con esta canción.

La última noche en la ciudad, con las alforjas cargadas de vodka, ibamos buscando un bar que nos gustó la noche antes, próximo a la Plaza Real... pero acabamos en la Plaza del Rey (lo escribo en español por no cometer el error de escribirlo mal en catalán, no me motivan otros impulsos, más que mi ignorancia)

Arriba de la escalinata, sonaba una guitarra. La voz de una chica cantaba "Rojitas las orejas" Poco a poco me fui aproximando. Invitaba a mis amigos a seguirme, a medida que subía tres, cuatro escalones y me sentaba a esperar. Ayudado supongo también por el vodka con sprite en botella de agua, me animé a llegar al último escalón. La chica terminó su canción, iba a apartar la guitarra a un lado y se la pedí.

- ¿Sabes tocarla?

- A ratos.

- Si viene la policía échala a un lado.

- ¿Y eso?

- No eres de aquí, ¿verdad?

- Huelva.

- Aquí la policía te confisca la guitarra. No se puede tocar en la calle.

- Joder.

Tomé la guitarra con la responsabilidad duplicada de no ser mía y de poder perderla, pero al alcohol en sangre le daba tan igual como a mi mono por tocar el maldito instrumento. Nutshell y algunas de Nirvana iban saliendo de aquella caja de madera de forma extraña. Al rato, Cristian, Eva y yo, estabamos charlando con Cristina, Benji y el otro chico alemán. Después llegó el auténtico propietario de la guitarra. Conversaciones, más canciones y para resumir, una noche barcelonesa para no olvidar.

Terminamos con el chico de la guitarra tocando "The man who sold the world" al estilo de Nirvana y yo cantando. Los demás oían, como animalitos en el bosque en torno al fauno con su ocarina. Cuando terminamos el tema, cada grupo tiró por su lado. Mi mejor noche en Barcelona empezó con el tema de Fito.

Me resulta curioso que un mes antes, cuando mi amigo me nombró a aquel grupo y me pasase el enlace de esa canción yo le expresase mi deseo de ir pronto a Barcelona.

A veces pienso, ya no que las casualidades o el destino existen, sino que mi propia vida esta orquestada por mi subconsciente. Que no soy más que un psicópata encerrado en una mente absurda que se compone y recompone y descompone hasta el día en que explote en mil pedazos y salpique todo lo que me rodea.

you're not sorry...

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Pareces tan inocente
Te creería si no te conociera
Podría haberte amado toda mi vida
Si no tú no me hubieras dejado esperando en el frío
Y tú tienes tus secretos
Y estoy cansado de ser el último en enterarme

Me tenías a tus pies, cariño
Y eso nunca hubiese cambiado
Solías brillar tanto
But I watched our love it fade

Música y letra, Taylor Swift

Recuerdo

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Foto: Sam - Canción: Come as you are

Recuerdo a esa niña que estaba en mi clase cuando yo tenía 4 años. Que jugábamos con moldes de plastilina y que su nombre era Miriam... Yo había aprendido a leer y escribir un año antes. Casi al mismo tiempo que comencé a hablar. Tardé en empezar a hablar, porque condicionado por un extrañísimo orgullo infantil, no me gustaba que se rieran cuando pronunciaba mal una palabra. Preferí esperar y abrir el pico sólo cuando estuve convencido de que lo que decía, lo decía bien. Al menos eso es lo que me han contado y dedujeron de mi visible ofuscación en aquellos momentos.

Recuerdo como me enseñaban las letras a los 5 años. La "A" era la reina... No comprendo porqué le daban personalidad. Me resultaba divertido, pero como ya sabía escribir, para mí aquello no era ni siquiera un juego de aprendizaje. Me dedicaba a colorear esa "A" antropomorfa y a sus séquito. Recuerdo también que ese año hacíamos el amigo invisible. Me regalaron un Playmobil submarinista. No recuerdo qué es lo que regalé yo.

Recuerdo que a mi hermano le mandaron leer para el colegio un libro. "Platero y Yo" y que mi curiosidad me llevó a abrir las páginas y leer los primeros párrafos, que ni entendía, pero que retuve en mi memoria. "Platero es pequeño, peludo, suave... tan blando por fuera, que se diría todo de algodón" Recuerdo algo de que sus ojos eran color azabache. Fue mi último contacto con la obra de aquel autor. No sabía cómo era el azabache.

Fue por la misma época. con 6, 7 años, se me rompió un tren eléctrico que tenía. Jugaba mucho con ese tren. Era una locomotora gris plata con lineas en azul y rojo que la cruzaban. No me limité a dar por perdido el juguete y lo abrí con uno de los destornilladores de mi padre. Recuerdo que tenía dos cables cerca del botón que lo hacía funcionar. Uno rojo y otro amarillo. El rojo estaba suelto. Pensé que debía ocupar su lugar pegado a la plaquita que se encontraba junto a la que estaba adherido el de distinto color. Yo no entendía de soldaduras, pero tampoco me hizo falta. Lo uní como pude y supe que si se volvía a estropear, simplemente tenía que abrirlo y ver si el cable seguía o no en su lugar.

No es que fuese ningún genio. Era un sencillo observador. Exploraba el mundo que me rodeaba. Tenía todas las inquietudes habidas y por haber. Cuando mi hermano empezó a aprender inglés en el colegio, sentí tanta curiosidad que me leía sus cuadernos de clase a escondidas y repetía los ejercicios, sin saber siquiera para qué podría servirme algo así.

Recuerdo ir corriendo a casa de mi vecino, el que tenía un padre guardia civil, siempre que veíamos alguien pincharse heroína detrás del bloque. Recuerdo avisarlo también cuando veíamos jeringuillas tiradas por el suelo. Manchas de sangre. Un trozo de goma... Recuerdo el miedo porque todo eso estaba infectado de una enfermedad de la que se empezaban a escuchar los primeros detalles. Eran ya finales de los 80.

Recuerdo que era muy feliz y muy curioso.

Después perdí la curiosidad y dejé de ser feliz. Tan sólo era feliz cuando estaba con mis amigos, bebiendo y dejándome llevar. Perdí las riendas de mi vida y pensaba que tenía el mundo a mis pies. Quizá por eso dejé de explorarlo y aprender de él.

Supongo que antes de volver a tratar de ver cómo funcionaban las cosas, debía aprender a ver cómo funcionaba yo mismo. La pena que tomé el camino equivocado y me costó años volver a donde lo había dejado todo de lado.

Y no sé en que situación estoy ahora. Ojalá todo fuese tan sencillo y a la vez tan complejo como cuando tenía 3, 4, 8 años...

La Katábasis de Kaín - Introducción

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Caín, ¿por qué lo escribes con k?
Es mi nombre, me gusta más así.

La carretera sobre el río parecía no tener final. Los faros del autobús no alumbraban más allá de lo que la niebla permitía que llegasen las miradas. La Luna, como un gran reflejo de sí misma, observaba desde un punto elevado, a la izquierda de los cansados ojos de los viajeros.

El Mario se ha quedado frito, ¿queda mucho?
Ya tenemos que estar llegando, siéntate y deja de preguntar.
Mira, parece que estamos entrando en el infierno.
Que cosas tienes tío. Caín, mira este lo que dice.
Ya lo he oído, dice la verdad.

Siempre que la palabra “infierno” era nombrada en alguna conversación entre los chicos se lo comunicaban a Caín. El mito religioso se había apoderado del nombre del joven a lo largo de toda su existencia. Sin embargo, no guardaba rencor a sus padres por ello, sino que se sentía orgulloso, les agradecía a diario la ocurrencia. Ese nombre no sólo le daba carácter, también le otorgaba poder.

Kaín, despierta, ya hemos llegado.
¿Sí? Me he quedado dormido, nunca me había quedado dormido en un autobús.
¿Qué autobús, Kaín?
¿Tú quien eres?, ¿por qué no hay luz?
Sí que hay luz Kaín, sólo tienes que abrir los ojos.

La Luna estaba oculta a medias tras la neblina; a través de los cristales del autocar, el infinito puente se extendía a uno y otro lado, limitado por la pesada oscuridad. Dentro del vehículo no había nadie. Caín se preguntaba de donde habría salido esa voz. Pensó que todos estarían fuera, que había ocurrido una avería.

¿Hola?

Nadie respondió al tímido saludo de Caín. La única evidencia que el propio chico tenía de haberlo dicho, era el vaho que salió de su boca. Se decidió a levantarse y abandonar el transporte, esperando (inútilmente) reunirse fuera con sus compañeros de clase y los maestros.

¡¿Hola?!.

Queriendo asegurarse ahora de que podría ser oído, elevó la voz, recibiendo igual respuesta que tras su primer intento. El sonido del río, que golpeaba los pilares del puente al pasar bajo él, acompañaba al viento que oscurecía los oídos de Caín impidiéndole percibir con claridad cualquier posible palabra lejana, engañando de este modo el sentido del chaval.

Una silueta, a escasos 200 metros, se alejaba con paso lento, vacilante, por el centro de la carretera. Caín la vio, y su intención fue caminar tras ella. No intentó siquiera detenerla con palabras, quizá desmotivado por sus infructuosos intentos anteriores. Quizá el deseo de seguir a esa silueta, presumiblemente la de una persona, el deseo de no continuar en soledad, impulsó al chico a no quedarse quieto, a no esperar a averiguar nada más que por sus propios ojos.

Espera – la voz apenas le salió. - ¡Espera!

La sombra parecía ignorarle, perdiéndose en la cada vez más espesa niebla. Caín aceleró el paso para tratar de alcanzarla hasta ver como esta descendía por unas escaleras situadas en uno de los extremos del puente. Caín frenó en seco. Había pasado por este lugar miles de veces de camino a su casa, pero no recordaba ninguna escalera. ¿Podía tratarse de un sueño? De ser así, no lograba despertar.

some noise

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No se si estoy recuperando mi oido musical, o perdiendo la memoria.

Los días libres pasan despacio. Veo lo trilladas que están las teclas del portatil. Algunas letras están borradas. Otras marcadas por la hendidura de pulsarlas con las uñas de mis dedos.

Me espera otra mañana larga. Quizá no tan larga ya. Quiero organizar mi armario. Sé que la tarde se me hará corta. Hoy al menos no tengo que irme a trabajar. Hay camisetas y chalecos que hace mucho que no veo. No es que tenga el fondo de armario de un artista, es sólo que acabo amontonando todo lo que me pongo sobre una silla y voy lavando, comprando y reciclando sin que la ropa entre o salga de mi armario.

Necesito desahogarme, gritar o llorar. No lo sé. Necesito escribir, tocar. Hoy hace frío y quiero sacar ls óleos y pintar algo. Tengo un lienzo al que primero debería limpiar el polvo. No sé qué podría pintar ahí.

Quiero proyectos, ideas. Ahora que me he dado cuenta de lo increiblemente patética y falsa que es alguna que otra persona, necesito evadirme del modo que sea. Dejar que mi mente viaje lejos de mi vida y de mi cuerpo. No es sólo ir a París, como tengo planeado para dentro de unos días. También es estar lejos cuando estoy aquí. Lejos de toda esta mierda de universo que se aleja de mi cabeza, origen del Big Bang de mis sentimientos.

Ayer colgué unas cortinas, recogí un par de mesas en las que había ido acumulando papeles y libros. Hubiera puesto la lámpara del dormitorio, pero primero quiero pintar. Sí, también debo pintar la pared de mi dormitorio. Quizá empiece por eso. Me resultará más sencillo que buscar una idea para el lienzo. Y mientras se seca, puedo tocar la guitarra, tomarme una cerveza, invitar a algún amigo o amiga para charlar distendidamente con música de fondo.

scrambled eggs

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- Vamos a mi casa, ¡te invito a desayunar!

- Venga.

- ¿Qué quieres tomar?

- Me da igual, la verdad.

- ¿Bacon y huevos revueltos?

M. me mira con complicidad. Le sonrío.

- Guay.

Vamos hasta el coche. La casa de M. está a pocas calles de la mía, pero a pie son más de 20 minutos.

Suena "Rape me" de Nirvana. M. dice:

- ¡Deja esta! La adoro.

La dejo y me pongo a corearla. M. también corea. Llegamos a su barrio. Aparco y vamos hasta su casa. Bueno, no es exáctamente su casa.

En realidad es una casa de citas. M. trabaja allí. No ejerciendo. Su labor podría decirse que es... el proxenetismo... no voy a andarme con más rodeos.

Llama al portero. Nadie contesta.

- ¿No están Edward ni Nikol?

- No, Edward debe estar en el gimnasio. Voy a llamar a Nikol.

Insiste con el teléfono hasta que consigue hablar con ella.

- ¿Donde anda?

- Dice que está en el Mercadona. Vamos a esperarla aquí.

Nos sentamos frente al portal. Charlamos. Salen unos vecinos que ni nos miran.

- No es que nos llevemos muy bien con los vecinos.

- Ya me imagino.

- El otro día vino la de enfrente gritándome porque la otra chica que teníamos habia colgado una toalla a secar en su cuerda.

- Jeje - Río sin demasiado entusiasmo.

- Abrí la puerta, al principio pensamos que era la policía porque insistía mucho, y cuando le abrí empezó a gritarme. Le dije que volviese cuando fuese más educada y le cerré la puerta en las narices.

- A la gente se le va.

A todo esto se acerca un hombre, bien entrado en los 50. Más bien saliendo de ellos. Se acerca al portal y toca uno de los timbres. Espera, mira a todos lados, nos mira de reojo a M. y a mí. M. me susurra.

- Este es un cliente.

- ¿En serio?

- Verás.

Alguien abre la puerta para salir del bloque, el hombre aprovecha para entrar. A los dos minutos baja.

- ¿Ves? Te dije.

- Pero si le han abierto el portal, ¿no?

- Sí, pero eran unos vecinos que salían. ¿No te fijaste?

- No me di cuenta.

- Además, observa.

Me señala a la esquina de la calle. El hombre está allí de pie, mirando a todas partes.

- ¡Ahí llega Nikol!

Nikol viene cargando con una bolsa. M. y yo no nos movemos de nuestro asiento.

- Nikol, ¿está esperando un cliente?

- Sí. ¿Vino?

- Está allí. Nikol mi amor, cuando suba ábranos el portal.

Nos quedamos sentados. El hombre se acerca al portal, llama. A la chica ni le ha dado tiempo a subir. Tarda apenas un minuto en atender el portero y abrir, pero aquel tipo ya se va calle abajo de nuevo.

- Mierda, le asustamos. Bueno, vayamos para arriba.

Entramos al piso.

- Nikol mi amor, el cliente se fue.

- ¿Se fue?

- Sí, llámelo, dígale que usted acaba de llegar.

- Ahora mismo.

Nikol coge el teléfono y llama.

- Ay papito, ¿usted me estaba esperando? Sí, yo ya estoy aquí mi amor, suba, estoy preparada para usted.

Nos metemos en la habitación de M. mientras sube el cliente. Tras cinco minutos Nikol abre la puerta del cuarto y entra.

- ¿Pues no que quería hacerlo sin condón?

- ¿En serio?

- Si mi amor, imagínese. ¿Quien quiere hacerlo sin condón con una puta?

- Vaya tela... - Intervengo.

- Bueno, vamos a desayunar. ¿Usted ya desayunó Nikol?

- Ay no, pero no puedo.

- ¿Está a dieta?

- Sí. - La chica contesta con timidez. - Tengo que mejorar este cuerpito.

- Pero si usted está relinda Nikol.

Nikol hace el gesto de sonrojarse bajando la mirada. M. ya ha puesto a derretir mantequilla en un cazo.

- Te van las grasas vegetales, ¿no? - Bromeo.

M. me mira y me sonríe.

- ¿Qué te parece?

A mí no me habla de usted. No sé si es porque soy español o porque ya ha dejado de respetarme.

Corta el bacon en pedazos, los rehoga con la mantequilla. Me repugna un poco esa mezcla de grasas, pero no se lo digo. Luego echa cuatro huevos sobre el bacon dorado.

- ¿Los quieres revueltos?

- Guay.

Pica las yemas con la cuchara, me mira y sonríe de nuevo. Me besa. Vuelve al cazo y bate los huevos con el bacon y la mantequilla. Suena el timbre.

- Nikol, ¿Usted esperaba otro cliente?

La chica no responde. M. va a abrir la puerta. Veo que habla entre risas con una mujer. Regresa.

- ¿Quien era?

- La del video comunitario.

Yo de mientras había estado terminando de batir los huevos y los había retirado del fuego.

- ¿Qué vas a tomar para beber?

- Tenías té, ¿no?

Abre el armario y me da a elegir entre varios tipos.

- Este va bien.

Desayunamos sin prisa. Otro cliente llama a Nikol.

- Bueno, yo voy a ir marchándome.

- ¿Ya te vas?

- Sí, tengo que hacer algunas cosillas en casa.

Suena la puerta, es Edward, que llega del gimnasio. Nos saluda afablemente.

- ¿Que tal cómo están?

Me despido de Edward, de Nikol y de M. Llego a casa, me tumbo en la cama, me pongo la pastilla debajo de la lengua. A mi cabeza acuden imágenes que quiero borrar. Como si estuviese cayendo de un edificio de 300 plantas y reviviendo los tres últimos años de mi vida. Detesto caer y no ver nunca el final. Una caída eterna, insoportable. Quiero ver el suelo de una vez.

Pandémica y celeste - fragmento

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Oyendo otro viejo caset, donde tras un EP de Diabologum había algunos poemas, escuché íntegro Pandémica y Celeste, de Jaime Gil de Biedma.

Había otro de Bukowski, Como una flor bajo la lluvia, pero soy más de Biedma.

Hoy me siento como en este poema suyo. Me di cuenta después de escucharlo, leído por el propio autor, en esa vieja cinta.




[...]

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

- Pandémica y Celeste - Jaime Gil de Biedma

de 90

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Me acuerdo cuando compraba "casets" para grabar mi musica. Compraba una cinta de 60, o de 90, en función del dinero que tuviese o lo que quisiera grabar.

Me hacía recopilatorios de los vinilos que rondaban por casa, me grababa alguna cinta o algún cd de un amigo, o me grababa a mi con la guitarra o diciendo gilipoyeces...

Ahora buscaba un caset de los Melvins y he encontrado esta cinta que me grabaron en los 90. La menciono en mi diario...

3-9-1996

[...] Tengo que llamar a Luis para decirle que me grabe unos inéditos de Nirvana, y para ver que va a hacer en fin de semana. Tengo que aprender a no pensar en el futuro.

10-9-1996

El otro dia me grabaron unos inéditos de Nirvana que son la caña. Hoy mismo he sacado una canción con mi guitarra. [...]

Está sonando la cinta ahora en mi equipo de música. Hace unos días, mirando papelotes que tenía por mi escritorio, encontré algo que tenía escrito. Lo escribí en febrero de este año. Era la letra de una canción... Me gustaría ponerla aquí, pero antes quiero sacarle unas notas con la guitarra y ver cómo cantarla.

Adoro esta cinta. Cuantos recuerdos. De pronto estoy a finales de verano, en Punta por la noche. Tenemos una botella de refresco de limón mezclado con vodka para Luis y para mí. Vamos de la ría a la calle ancha, de la calle ancha a los pisos de Vero. De vuelta a la ría con todos los demás. Nos sentamos en el suelo o en un banco. De pronto bajo a mear a la ría y vuelvo. Estamos con las coñas toda la noche. Adoraba a ese grupito. Ahora cada uno tiene su vida. Es lo que pasa. No hay nada que dure para siempre. Es como lo que puse en mi diario ese 10 de septiembre del 96. tengo que dejar de pensar en el futuro. Me lo dije en mi más aterradora adolescencia y todavía no lo aplico.

Le doy la vuelta al caset. Mi equipo tiene autoreplay, pero no autoreverse... practicamente como mi propia vida... ¿Dónde tendré la cinta de los Melvins?

in chains...

0



A meal a day, a meal, I say
And my heart's made my ...

Somebody else already used the word 'aurora-borealis'
She was tied up in chains, and Sam had helped her in the freezer

She's only five weeks late, but I haven't had a date forever ...
Ever ... ever ... forever!

Help me stay awake

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i'm falling...


Foto: Sam in chains Canción: Counting Crows - Perfect Blue Buildings


A veces tenemos un pie ahí... al borde de algo que tan sólo tenemos que rodear, saltar, esquivar. Son obstáculos que nos impiden seguir adelante con nuestras vidas o con lo que sea que queramos hacer, bueno o malo, terrible o peor.

Yo no sé si hubiera pasado la pierna sobre la baranda. Tengo sueños, todavía los conservo. Me gustaría saltar en paracaidas, por ejemplo. Siempre he sido muy tranquilo, pero siempre he vivido al límite. Sí, también he sido muy contradictorio.

Es fácil verlo todo desde arriba. Te asomas tras esos barrotes decorados con un arte demasiado elaborado. Sabes que estás a salvo. Pero también sabes que si te sientas al borde del murito, corres peligro. Puedes caerte, hacerte daño, morir.

Y morirse es una putada para los demás. Para quienes te acompañan en este viaje por el mundo absurdo de las fantasías de otros y tus sueños negados y violados.

Pero aún así, ya digo; me gusta soñar.

No tener pesadillas, como estos últimos meses, en los que cada momento despierto o dormido, en mi mundo real o en el onírico han sido tormentosos. Pero no como esas tormentas en las que te quedas en casa, enciendes la chimenea y oyes la gotera de la cocina mientras la lluvia golpea con fuerza los árboles que rodean tu casa. Es como una tormenta en mitad de un océano y vas subido en una barca pequeña, al descubierto. Es una de esas tormentas en las que deseas hundirte con los pedazos de madera que te mantienen a flote.

Esa es la diferencia entre apoyarte en la barandilla o pasarte al otro lado, balancearte confiando en la fuerza de tus dedos, que se aferran al ladrillo viejo y gastado. Cerrar los ojos y dejarte caer, confiando que alguien te recoja, o que nadie te eche de menos.


It doesn't get much worse than this
In beds in little rooms in buildings
in the middle of these lives
which are completely meaningless
Help me stay awake, I'm falling...

God am

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He empezado un nuevo diario, creo que ya lo comenté... Creo que será el último que escriba. Es un cuadernito con tan sólo 30 hojas creo. No las he contado, me he fiado del número en árabe que aparece entre los caracteres japoneses de la etiqueta de contraportada.

Espero que el boli morado me dure a lo largo de todo el diario... Apenas se nota el color, pero es una de esas chorradas que me hace ilusión. Quien me conoce ya sabe que me ilusiono con la tontería más insignificante.

Bueno, me termino el desayuno, leo algo de mis anteriores diarios y me duermo. Ultimamente no he avanzado en la lectura de 1984. Incluso tengo un par de comics a medio leer. Tampoco he retomado el guión de la serie. No estoy haciendo mucho por mí. Ni siquiera estoy centrado en este nuevo diario-testamento. A ver si voy a Paris dentro de dos semanas que tal me sienta.

El Incidente - Introducción

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Lo que os traigo hoy, es el comienzo de una novela que empecé hace unos meses, pero que dejé abandonada, principalmente porque quería explorar e investigar un poco sobre algunos aspectos científicos que desconozco y desearía incluir.

Es una primera versión, sin repasar ni retocar. Una leve introducción que no nos cuenta nada. Espero que al menos os entretenga.

Thanks!




EL INCIDENTE


- ¿Y hasta donde cree usted que podría llegar el ser humano?
- ¿Hasta la extinción probablemente?
- ¡No vaya tan rápido!
- ¡Pero si acabo de ahorrarle milenios de dudas!
- Ojalá tuviera milenios para plantearme y buscar respuesta a cada una de las preguntas que me van surgiendo.
- Usted ya es casi un dinosaurio.
- Que romántico ¿verdad?
- ¿Yo?
- ¡Los dinosaurios!
- ¿Incluso más que yo?
- Sin duda. ¡Dese cuenta! Nos hacen pensar y nos hacen soñar. Incluso el enigma de su extinción es extrañamente atractivo.
- Ahora si me intriga.
- ¿Qué cosa?
- ¿Hacia donde cree que vamos? ¿Hasta donde cree usted que podría llegar el ser humano?
- Sin frenos hacia nuestra propia extinción.

Los dos retuvieron esa cuestión en sus cabezas mientras continuaban trabajando, cada uno con un ordenador. Sus mesas, prácticamente una a espaldas de la otra hacía que sus conversaciones pareciesen diálogos internos.

- Me asusta eso de la extinción, pero más a nivel personal.
- ¿Se explica?
- Me preocupa mi propia extinción, vaya.
- Como a casi todos supongo.
- Es lo que usted decía, eso de disponer de milenios para descubrir en qué acabará todo esto.
- Una pena que no lo vayamos a ver nosotros.
- Quizá un budista ¿verdad?
- Los budistas son personas con un miedo terrible a la muerte.
- No sé. Todas las religiones parece que pretenden que las personas perdamos el miedo a morir, nos cuentan que vamos a un lugar maravilloso.
- Bueno, nos quitan el miedo a morir a cambio de crearnos el miedo a vivir.
- Nunca pensé que fuese usted tan ateo.
- Supongo que se cumple la vieja tradición del científico ateo. ¿Le sorprende?
- No es eso. Su generación…
- Mi generación se educó en el miedo a los hombres.
- Gracias por la herencia.
- Jajaja. Me gusta que sea tan claro. A veces creo que no tiene la más mínima empatía.
- ¿No? Me encantan los gatos. ¿No le vale?
- Seguro que a Hitler también.
- De algún sitio sacaría la idea del bigote ese hombrecillo.
- Usted sería un buen político. ¿Nunca se lo ha planteado? Tiene la edad perfecta para comenzar a echarle cara.
- ¿Mentirle a millones de personas sólo para ganarme favores y disfrutar de una jubilación millonaria?
- El científico ateo y el conspiracionista... ¡Aterrador!
- Le da miedo que me vuelva un paranoico.
- Me da miedo que los seres humanos caigamos en los tópicos con tanta facilidad.
- Quizá no es que los científicos seamos ateos conspiracionistas, sino que los ateos conspiracionistas nos hacemos científicos.
- Y eso acabaría con los clichés.
- No creo, la ignorancia nunca lo permitiría.

El hombre de mayor edad apaga su ordenador y se queda observando la pantalla en negro durante unos segundos con rostro inquisitivo. Su rostro cambia con un suspiro que lo saca de su efímero trance.

- Váyase a casa, tampoco hemos salvado el mundo hoy.
- ¿Le acerco?
- No se preocupe, me quedaré aquí un rato más con los archivos. Además, tengo la moto en el almacén.
El hombre más joven era alto. Con el pelo castaño algo descuidado y un gesto amable a pesar de su cinismo. Su apariencia era más la de un estudiante despistado que la de un científico.

Detuvo su coche en la acera frente a un local de comida para llevar. Llovía cuando cruzó la carretera. Sujetaba su abrigo largo para cerrarlo al pecho y fruncía el rostro contra una insistente lluvia.

- Buenas noches.

El dependiente le contestó con una mirada.

- Dígame.
- Me llevo un quince y un veintiuno. ¿Cerveza tiene?
- Latas.
- Un par de ellas.

“El profesor se va a empapar en la moto” pensó mientras regresaba a su coche. “¿Ves como sí tengo empatía?”

Giró sancionablemente para emprender el camino de regreso al laboratorio. Sólo le llevó quince minutos llegar y aparcar en la misma entrada al edificio. Una construcción oscura de ladrillo visto con más de 30 años. La puerta principal estaba bloqueada desde el interior, por lo que la llave del chico no sirvió para nada. Rodeó el bloque hasta llegar a la puerta lateral de servicio. Abrió y accedió directamente al almacén. “Bueno, la moto sigue aquí, espero que le guste el beicon”

Al ir a encender la luz de la escalera que subía a los despachos, se dio cuenta de que no funcionaba. Habían saltado las luces de emergencia por lo que debía tratarse de algo general. “Habrá bajado a encender los fusibles, subo y lo espero en su oficina”

Pero la escena se tornaba más siniestra por momentos. La mesita de té del descansillo estaba tirada en el suelo junto con la planta que solía descansar sobre ella y un refregón de algo que podía ser sangre presagiaba algo terrible. El chico soltó la bolsa con su cena y miró alrededor, buscando de manera desesperada algo que le sirviese como arma. Los indicios no relataban algo parecido a un accidente doméstico. Se le enturbió la visión con nubes blancas. Cerró los ojos y respiró con fuerza tratando de calmarse. Se quitó el abrigo y caminó decidido hacia el despacho de su compañero.

El hombre yacía bocabajo en un charco de su propia sangre.

- ¡Profesor!

Esta brotaba de una enorme brecha en su cabeza que le teñía el pelo de rojo. El joven se lanzó a tratar de detener la hemorragia con bastante frustración, ya que el flujo no cesaba. Comprobó el pulso de su compañero palpándole el cuello para descubrir que carecía de latido. Se levantó con vehemencia y fue a buscar su abrigo al pasillo. Sacó un teléfono móvil del bolsillo interior y marcó el número de emergencias.

Tras explicar la situación volvió junto al cuerpo inerte de aquel hombre. Trató de modo fútil taponar la salida de sangre con un trapo y volteó el cuerpo. Le buscó nuevamente el pulso y apoyó suavemente la cabeza del cadáver sobre un cojín.

Se puso en pie y miró a su alrededor. Había algunos cajones abiertos y revueltos, algunos papeles y otros efectos por el suelo o encima de las mesas… Esto hacía pensar que quien fuera había encontrado lo que buscaba rápido, o que había tenido que salir a toda prisa sin terminar su labor. El chico estaba angustiado. Se sentó en uno de los sillones de piel marrón y comenzó a llorar sin consuelo.

Los servicios sanitarios de urgencia y la policía no tardaron mucho en llegar.

“Muere de forma violenta uno de los investigadores del Proyecto Boreas, el cual se encontraba en su primera fase de desarrollo. Se desconocen las causas y si estas están relacionadas o no con la actividad científica de la víctima. De momento no hay identificado ningún sospechoso”

- No debió haber tocado el cuerpo.
- Lo lamento… yo…

La discusión se desarrollaba en uno de los despachos del cuartel de policía.

- ¿Modificó algo más de la escena del crimen aparte de la posición del cadáver?
- Absolutamente nada. Pensé que podría hacer algo por él, por eso…

El inspector le interrumpió de nuevo.

- Necesito que me relate de nuevo el tiempo que estuvo fuera.
- Poco más de media hora. Fui a por algo de comida, y como llovía volví por si el profesor quería que le acercase a su casa. Ya se lo he contado todo en mi declaración.
- Su coartada hasta el momento es plausible, pero mientras terminamos la autopsia, le pedimos que esté localizable. Podría convertirse en sospechoso.
- Entiendo.
- ¿Mantenía alguna rivalidad con el profesor?
- ¡No! ¡En absoluto! Yo…
- Trabajaban juntos en un proyecto.
- Sí, el Boreas.
- ¿Puede relatarme sobre qué trata?
- Los medios se hicieron eco de él hace algún tiempo, y pueden consultar el dossier que les facilité. No es ningún secreto de estado.
- Pero la investigación se llevaba en secreto…
- Los procedimientos y los resultados sí. El objetivo no.
- ¿Destacaría algo sobre los resultados obtenidos?
- Realmente no. Nada para matar a una persona, desde luego.
- Bueno, puede ir a casa a descansar. Le insisto en que permanezca localizable y le recomiendo que busque un abogado.

El joven se levanta y antes de dirigirse hacia la salida, mira de soslayo al policía.

- Gracias.
- Descanse.

Mis diarios - Agosto del 96

7


6 - 8- 1996 - Martes

- ¿Quien soy? - No llevo una existencia propia. Tengo que responder ante los demás y sufro por ellos, señor, ayúdame a ver la verdad, si es que existe. Quiero ser existencialista pero no tengo la edad necesaria. Quisiera saber qué es lo que me ha llevado a ser como soy, quisiera saber como soy, pero me conozco muy poco, no sé de lo que sería capaz, y eso me aterra, porque soy yo el que trabaja mi destino, y eso me aterra aún más, y aún más me aterra que los demás se metan en mi labor, porque sólo a mí me corresponde. Voy a tratar de lograrlo todo por mí mismo, y si no, me suicidaré, y también me suicidaré si me veo prisionero, y si veo que no existo para mí. Porque si no existo para mí no quiero existir para nadie más.

10 - 8- 1996 - Sábado

Pienso porque existo, y me doy cuenta de todo lo que pasa. Nadie puede decirme que no a algo que yo sé que sí es, nadie puede cambiar mi existencia. Nadie puede hacer nada que yo no quiera, pero todo esto es mentira.

11 - 8- 1996 - Domingo

Hoy es domingo, anoche salí por Punta Umbría, y volví a las cuatro de la madrugada. Me lo pasé muy bien. Conocí a dos chavales que me presentaron y que eran muy buena gente, y les gustaba Nirvana y todo eso y estuve mucho tiempo con ellos. Nos presentaron, se fueron no se donde y volvieron al poco tiempo. El que llevaba la camiseta de Green day me dijo "A ti te gusta Nirvana, ¿no?" y le dije "Pues claro". No sé cómo pudo darse cuenta. Yo vestía con mis playeras negras y mis pantalones vaqueros marrones. Luego, mucho después me dijo, "Te pareces a Kurt Cobain" y me dijo que en los gestos que hacía y mis movimientos, y todo eso y la verdad es que puede que sí, pero no lo sabía. Mi amigo nuevo se llama Luis y es muy buena gente.

13 - 8- 1996 - Martes

No tengo ni idea de qué poner, es mediodía y tengo las letras de muchas canciones

16 - 8- 1996

Soy un jodido cabrón que no puede seguir viviendo su vida, no merezco nada, o al menos eso piensa la gente, me veo encerrado, estoy escuchando música, pero no puedo ver nada, y nadie me ve a mí, creo que no se nada sobre nadie y que si no me mato yo lo acabarán haciendo ellos. Se que la vida es algo que hay que pasar para poder morir, pero todo da igual, me voy a tocar la guitarra, para terminar de desahogarme, deshaogarme, o como coño se escriba. Me jode mucho la forma de pensar que tiene la gente, no entiendo tanto odio y esas cosas no sé cómo debo actuar, pero si yo fuese como ellos me sería todo más fácil, pero yo nunca seré así, porque no me da la jodida gana, y no me voy a dejar vencer, y voy a arrasar con todo de una jodida vez.

17 - 8 - 1996

No hay nada de nada, ni siquiera mi existencia vale ya la pena, no me ven que lloro, porque no lo hago, porque no quiero que lo vean.

28 - 8 - 1996

Se me ha roto una cuerda de mi guitarra.

30 - 8 - 1996

Ayer fui a Huelva por la mañana. Había una zona donde se habían desprendido unas tuberías o algo así, porque salía mucha agua. La policía estaba reteniendo a los que querían pasar hasta que colocasen una rampa, para evitar un corte en el suelo. (Donde estaban las tuberías). Pues el caso es que yo pasé por las buenas y nadie me vio. Crucé entre los policías y los transeuntes, pero nadie pareció verme. Mi guitarra vuelve a sonar.

Killer is me

3


Supongo que pegaría hablar de mi estancia en Madrid, pero no sé si es muy apropiado. No por nada, sino porque entre tantas cosas, he iniciado un nuevo diario. No sé si por la añoranza que me ha dado releer mis textos de adolescencia, o porque me enamoré del cuaderno "casihechoamano" de tapas negras que vi en una tienda en la calle Fuencarral. Digo lo de casi, porque es del mismo corte que los que yo me preparo para mis poemarios y chorradas. Ayer por la mañana lo inicié, en el autobús de vuelta de Madrid a Huelva.

Y ya digo que pegaría hablar, pero no estoy por la labor. Es complicado hacer un viaje y meter la pata de tal modo que haya quien desee que te dejes amar, y quien desee que te dejes matar, (o simplemente arrojarte del vagón de un metro en marcha). Y a pesar de todo, habérmelo pasado bien. No bien, sencillamente genial. A pesar de los pesares, que ya habré escrito en más de una ocasión.

Es divertido cuando te cruzas con algún famoso, que en realidad me importa una mierda, pero es gracioso ir andando, que alguien te de en el hombro, darte la vuelta y que sea la chica con la que te lo pasaste de puta madre la noche antes. Es gracioso porque es Madrid, capital del imperio, donde hay más de tres millones y pico de personas. También es gracioso volver solo de madrugada al hotel en metro, y que entren en tu vagón esas chicas que por ellas me hubieran despedazado por ser tan cabrón. Curiosamente, no nos habiamos visto jamás en persona hasta ese momento, yo a ellas apenas ni en foto, pero las identifiqué, me identificaron, y desearon tener un revólver que yo les hubiera ofrecido gustoso.

Volvía de un día agotador, en el que había conocido el rastro de Madrid por primera vez, y lugares donde tomar algo en Malasaña que me encantaron. Descubrí zonas de Madrid por las que no había pasado jamás y me reencontré con otras que pude vivir de manera diferente.

El domingo que planeaba quedarme descansando en el hotel, una llamada me acabó llevando a hacer cola en la entrada de un cine. Películas de terror de los 80 gratis, copa gratis (que no me terminé) y un espectáculo que no había visto jamás. El público gritaba, se reía a carcajadas, fumaba y hacía botellón en la sala de cine, de butacones "vintage" mientras los organizadores animaban a más no poder. Una chica explosiva se desnudó hasta terminar luciendo una lencería de cuero negro para lanzar regalos al público y una transexual disfrazada de zombie... bueno, llevaba el show a su manera.

La primera película, The Midnight Hour, una mierda infumable. Lo mejor los videos que ponían al principio. Trailers varios y chorradas de youtube.

A todo esto, he empezado a leerme 1984. Debo decir que aunque al principio no me atraía mucho, tras las 4 ó 5 primeras páginas me fue gustando más y más. Sólo llevo leídos 4 capítulos, y de momento lo recomendaría.

El sábado había sido diferente. Hablando inglés con una chica de Colombia sólo por hacer el tonto, después de estar bebiendo lo más barato y peligroso que he tomado jamás. Luego cantando con ella y gritando por toda la Gran Vía... indescriptible. Pero obvio que no sólo puedo hablar de ella, porque éramos más. Pero como dije al principio, no me apeece mucho hablar de Madrid.

Ha sido un viaje extraño pero necesario.

La noche del domingo llené la bañera con agua caliente. Me encanta ducharme en los hoteles, porque no se acaba jamás el agua caliente (Bueno, salvo en aquella mierda de Almonte con las puertas de aluminio) Y si no te importa mucho tu culpa sobre el cambio climático, te puedes pegar el tiempo que quieras bajo el grifo. En este caso no fue ducha, sino baño. Esperé que acabase de sonar el unplugged de Nirvana completo antes de salir de allí. Me comí un bombón de los que me habían dejado de atenciones... Era una habitación para dos. Bombones, cama 2x2

También fue gracioso que cuando llegué, la chica que me atendió en el mostrador, me reconoció. (Yo a ella no, por eso de mis despistes y mi mala memoria) Y queda realmente mal no acordarse de alguien con quien has pasado toda una noche, haga el tiempo que haga.

Insisto, Madrid (Y España. porque a esta chica la conocía de Huelva) es un pañuelo.

Y yo que hubiera querido ir de estrella del rock, acabé borracho pero sin destrozar la habitación. Algo fallaba. Llevaba las pintas y la actitud. Me volví pesado y divertido. No recordaba una noche tan loca como la de aquel sábado, pese a acabar arrastrado, como en mi "niñatez"

Fallaba yo. Fallaba que sin darme cuenta, me he convertido en un ser que detesto. He perdido la capacidad de sentir algo. Vuelve a haber una Asociacion de Víctimas de Sam, como ya la hubo tiempo atrás... Que orgullo, ¡que ego! Que idiota.

"[...]
He recorrido el mundo
buscando una ciudad que no hubieras pisado
y quedarme allí.
He besado vírgenes,

abrazado santos.

He vuelto a sentirme
egoistamente deseado
[...]"


Me da miedo releer mis poemas. Este de 2007 ya presagiaba algo.

Pero está bien de hablar de mí, y de Madrid. De los deseos y mi frialdad aparente. Entiendo que mi actitud genere víctimas, pero yo mismo soy víctima de una actitud que no puedo controlar. Que provoca situaciones dolorosas. Es mi propio dolor que no me deja avanzar.

Soy yo, que intento abrir una ventana, una puerta, una rendija. Que me esfuerzo, pero el huracán desatado en mi cabeza la cierra y me envuelve. Me lleva a no saber dónde amanezco, como la mañana del domingo. A no saber si lo que hago está bien. Y de verdad que no quiero hacerle daño a nadie. No entiendo a este Sam que se entusiasma y se desinfla, que nace y muere cada día, como si todo lo de su alrededor fuese nuevo, diferente... como si todo lo aprendido no me hubiera servido nunca de nada.