viernes 18 de diciembre de 2009

O Fortuna...




Me puedo llevar horas escribiendo ejemplos de buena o mala suerte que he tenido a lo largo de mi vida. Situaciones diferentes que me han hecho levantarme y sentirme lider de la manada o hacerme caer en un pozo demasiado profundo como para ver entrar la luz por ningún lado.

Al final nos acabamos quedando con lo que queremos y muchas veces nos arrinconamos y dejamos que pase lo que tenga que pasar, sin pelearlo. Mala suerte! pensamos. Y es verdad que muchas veces no podemos hacer nada. Pero ¿y las otras muchas veces que sí? ¿Estamos ya acomodados a cuando no podemos pelear y también nos conformamos?

Yo siempre pensé que no era un tío con suerte, pero de pronto ves que todo cambia. Que todas las acciones importantes van tomando por el camino de baldosas amarillas que siempre soñaste. No es que un huracán de pronto te lleven a ti y a tu maldito perro al mundo de Oz, o quizá sí. Y pensamos que la suerte nos sonríe, como si la suerte fuese una puta que eligiese a quien y cuando sonreir. Como si de algo abstracto surgiese una fuerza mágica y descontrolada que pasase por nuestro lado y nos soplara. "ahora te toca a ti" y con las mismas se va, o sigue ahí, a tu lado o mandandote crismas por navidad.

¿Existe el azar? Esa aleatoriedad que condiciona nuestro vivir y morir diario. Si nos ponemos exigentes y desde un punto de vista matemático, sí y no. Es como cuando tiramos un dado. ¿Qué determina que caiga uno u otro número? ¿la simple y llana suerte? influye el peso del dado en cada cara, eso es importante. Es un factor que podemos trucar ¿verdad? pero si no trucasemos eso. Influye la fuerza con la que lo lanzamos, la altura, la resistencia del viento, el material del que está hecho, el material también de la superficie sobre la que cae, su fricción. La posición que tenía el dado en nuestra mano y el rozamiento con esta durante el lanzamiento. Pero nos empeñamos en creer que todo depende del azar. No vemos esos numerosos factores, porque sencillamente NO PODEMOS controlarlos. Es como cuando la gente cree en uno u otro dios. Sólo porque le da las respuestas a todas las incógnitas que no conocemos, no conocen, o no se pueden dominar. Creamos entes superiores que nos lo hacen todo mucho más sencillo, y nos encomendamos a ellos y a su maliciosa voluntad.

¿Suerte dices? Yo antes creia en eso, y pensaba que la mía era de las peores. Luego pensé que había cambiado y se volvió bondadosa y complaciente. Pero si os digo la verdad, también hubo un tiempo que creía que existía un dios y también resultó ser mentira. Todos esos conceptos tan abstractos sólo sirven para que no nos planteemos nada más. Podemos asumir que no podemos gobernar una situación, pero no que es porque una fuerza incontrolable así lo decide, sino porque una serie de procesos naturales y universales (al menos terrenales) inciden en el funcionamiento de las cosas y no tenemos la precisión para dominarlos.

Yo no sé nada de las matemáticas del cosmos ni de la ciencia profunda de los seres humanos. Soy un neófito en todo lo que hago. Sólo se lo que escucho y lo que se me ocurre. No soy ninguna eminencia en nada. No me creo nadie especial ni soy juez de nada. No pretendo sentar catedra ni crear escuela. Mis intenciones están muy lejos de las de ser un líder o un mártir por ninguna causa. Pero sé que mi mente se ha liberado de los dogmas para pensar sin lacras y replantearme la vida bajo una visión propia.

La vida es algo demasiado valioso para pasarla atemorizado por religiones y deidades. Demasiado preciosa para atormentarnos y creer que es una mierda sólo porque no suceden las cosas que esperamos que sucedan. Tenemos que ser concientes de que somos un organismo y que lo que llamamos conciencia es algo que se llama así porque no tenemos ni puta idea de lo que es. Suena tan ridículo como casi todo. "Ser concientes de que la conciencia es algo inexistente" Suena totalmente a coña. No soy como Descartes. No cuestiono mi existencia ni la realidad que vemos y palpamos. Sólo cuestiono la realidad abstracta que creamos los seres humanos para sentirnos cómodos. Somos organismos, como ya decía, que respondemos a estímulos y punto. Y todo lo que hacemos lo hacemos porque creemos que puede servirnos para algo. No seamos falsos!! Somos todos unos egoistas. Yo mismo, que parece que difundo la palabra de la liberación, tan sólo lo hago para liberarme a mí mismo del peso de todas estas ideas sobre mi cabeza maltratada. El mundo puede ser mejor y todo eso. ¿Quien se lo cree? ¿Quien se lo cree cuando el peso de las decisiones que más le afectan no están más que en manos de unos cuantos? Los gobiernos son otra de esas palabras abstractas que nos dan seguridad pero sobre los que no podemos hacer nada en absoluto. Son como la suerte, como un dios. Creemos que lo vemos, tenemos fé en que está pendiente de nosotros, velando por nuestro bienestar.

Y volviendo a lo orgánico y humano. A esa conciencia de la que dudo. ¿Por qué a veces somos nosotros mismos quienes nos complicamos la vida planteándonos situaciones que alterarían nuestra comodidad? Nuestra felicidad... Si ahora que parece que lo tenemos todo, aparece algún elemento incontrolable que hace que el dado caiga por la cara que no esperábamos. Si una vez medidas la fuerza y la distancia, el viento cambia de sentido. Y resulta que el número obtenido también nos vale para hacer un siete. Incluso ya empezamos a pensar que nos beneficia más que el número que esperábamos sacar o que escondíamos bajo la manga.

Creíamos que la suerte nos sonreía pero lo que hacía realmente era reirse de nosotros. Creemos que ella es ahora quien tiene el control. Total, ¿qué somos? ¿qué poder tenemos sobre nosotros mismos? Si ahora encima va este y nos dice que nuestra conciencia no es tal, sino un cúmulo de vetetuasaberqué que tampoco podemos controlar. Debemos dejar que el azar actúe y que las cosas sigan su cauce, ¿no? ¿No es lo que está diciendo el imbécil quisquilloso este de los cojones?

En serio... ¿desde cuando me haceis caso? No hay azares ni fortunas moviendo los hilos. Sólo nosotros y el mundo. Nosotros y la química que nos controla. Nosotros y nuestros accesos de ira y de pasión. Nosotros y nuestras dudas y errores. Nosotros. O tú y él, o tú y ella, o ella y yo, o yo y él, o ellos o ellas... o nuestra conciencia, que como cualquier otro dios, no aparece cuando se le necesita, o nos hace dudar y caer en error. Nos hace obrar según sus dogmas. Nos atrapa en un angustioso tunel con una salida a cada extremo sin que sepamos cual es la correcta. Cual nos hará seguir nadando por el océano de felicidad que disfrutábamos y cual nos llevará a revolcarnos por el lodo incandescente de las entrañas de la tristeza más profunda.

Pero por encima de esa conciencia o consciencia que dicen los que hablan de santos y sacramentos. Aún por encima de esa química que jala de nosotros hacia uno u otro extremo. Por encima de los dioses primigénios, estamos nosotros. Estás tú. Y está el hacer caso a la naturaleza, a la conciencia, a las deidades o a tí mism@. Decidir sin dejar que nada ni nadie te confunda. Olvidar tus creencias, olvidar las voces que hablan dentro de tu cabeza. Ver qué podemos dominar y qué vamos a dejar en manos de ese incontrolable, abstracto y desagradecido azar.

martes 1 de diciembre de 2009

La vida real

Ultimamente se me han ido acumulando temas sobre los que escribir, pero en vez de desarrollar algo crítico y con sentido me limito a esperar y esperar hasta que mi única genialidad es contar las ganas que tengo de tener un gato.

Intento escribir algo con principio, final, yo que se... ¡quizá moraleja! JA, moraleja digo, como si yo tuviese alguna idea sobre moral o convicciones. No, no estoy seguro de nada, ni tengo porque estarlo. Mi capacidad para dudar se antepone a mi capacidad para razonar.

¿Alguien piensa que con este blog pretendo adoctrinar o sectarizar sobre algo? Sólo intento decir, venga, coño, piensa las cosas por tí mismo. No te conformes con lo que te cuentan, saca tus propias conclusiones. Se crítico. No te creas ni siquiera las mierdas que escribo, porque son sólo desvaríos, reflexiones que voy sacando sobre la marcha.

No escribo con un guión o un esquema de lo que voy a contar. Tengo un tema que por lo que sea se me antoja desarrollar, una serie de claves que me gustaría plantear, pero de lo que flota por mi cabeza a lo que acaba siendo esto va un mundo.

¿Qué me parece todo lo del Alakrana? ¿Y esto de la nueva ley del aborto? ¿La prohibición de minaretes en Suiza? ¿Y lo que el lider de la secta católica piensa sobre el uso del preservativo? ¡Y joder! ¡El reportaje de Intereconomía sobre este último punto!




¡Ved este video y sentid pánico! Porque lo peligroso no es que haya diversidad de opiniones. Yo respeto a quienes piensan diferente a mí, sea cual sea su credo o ideología, pero lo que no se puede es convertir una opinión o un dogma en una realidad. O mejor dicho, lo que no debemos, es tomar las opiniones como realidades indiscutibles, porque somos los "espectadores" de este país quienes tenemos la última palabra. Quienes debemos creer o no lo que nos cuentan aquí y allá.

Supongo que soy demasiado quisquilloso, pero ¿sabeis realmente lo jodido que es que tu mente no te deje descansar? Que continuamente esté sacando planteamientos y conclusiones. Que a lo más sencillo le de diferentes versiones. Que desmienta ideas que acaba de proferir un segundo después de hacerlo...

¿Por qué escribo? ¿ De dónde sale esta necesidad? Porque lo es. ¿Qué sentido tiene? Es parte de la genética, de la "mejora" de la especie. Hablar y expresarse no es sólo un entretenimiento social. ¡Estamos dando y recibiendo información! Información que creemos necesaria para otros humanos, o que nos pueden situar por encima de esos otros humanos como lider. ¿Por qué la gente cuenta sus batallitas? ¿Por qué quieren dárselas de (loquesea)? Pues por animalismo puro.

¡Y es que no podemos renegar de lo que somos! Yo, tú, él... ¡somos animales! (algunos incluso rebuznamos) con un sentimiento de superioridad peligroso y relativo. Y precisamente la única capacidad que nos distingue aparentemente de las demás especies, la de cuestionárnoslo todo, es la que menos usamos, porque nos acomodamos a lo que nos mastican los políticos y los líderes en general, sean el papa, un imán o hanna montana.

¿Somos libres? ¿En serio? Yo soy bastante libre, pero estamos sujetos a unas normas dictadas por los gobernantes que pueden o no ser las más dignas, porque condenan y restringen aspectos de la vida personal de las personas. Las leyes de comercio son otro asunto aparte, que favorecen el enriquecimiento de los más ricos y de los que se les acercan con un poder que puede inclinar la balanza de la injusticia más hacia el lado de los que tienen y dan a quienes les conviene. ¿Más claro? Pues están los bancos que financian a los partidos políticos, o las grandes empresas que hacen más de lo mismo a cambio de favores, y eso es así, fue así, y seguirá siendo así por mucho que le pese a quien le pueda pesar, porque nos seguimos conformando con lo que nos mastica esa enorrrrrrrme gallina que es el gobierno. Esa que se come el alpiste y a nosotros nos da los gusanos regurgitados.

Pero aún así, soy más libre que muchas personas. Soy más libre que esa mujer que lapidaron por llevar una falda por encima de las rodillas, o aquella otra que casi linchan en brasil en una universidad católica (tolerantes donde los haya) por llevar una falda algo más corta que la anterior. Soy más libre que la primera pareja homosexual que iba a casarse en Argentina pero que el recurso de un particular ha hecho que se invalide su matrimonio. Soy más libre que esa mujer que va a un país "primermundista" bajo la promesa de un puesto de trabajo y es forzada a prostituirse. Soy más libre que la familia que debe confesarle a un hombre con sotana todas las cosas "malas" que ha hecho, o que quien tiene que ayunar o cesar en lo que esté haciendo para humillarse en determinada dirección.

Soy más libre que los que tienen miedo a la ira divina, a los gobiernos pseudodemocráticos o al maltratador con el que conviven. Soy más libre que muchos miles de personas en el mundo. Incluso me atreveré a decir que más libre que muchos millones de personas en la tierra. ¿Pero soy realmente libre? Tan libre como el chaval al que acusaron mediáticamente de violar y asesinar a una niña de tres años para tapar una negligencia médica. Tan libre como la mujer a la que los bancos embargaron su vivienda después de que la empresa donde trabajaba decidiese que ya no la necesitaba, porque sin ella ganaría más o lo mismo. Tan libre como quien vota una vez cada cuatro años para que alguien le represente en un gobierno plagado de corrupción.

Yo sé que el terrorismo es un problema, y lamentablemente es real, pero... ¿Cuantos políticos han detenido este año y cuantos terroristas? ¿Cual es la amenaza más flagrante para la democracia? ¿Quienes la combaten desde fuera con pistolas o quienes la pudren desde dentro con sonrisas y pactos? Porque a mí, la amenaza más evidente es la de tener el enemigo "en casa". Porque nos hacemos de rejas, alarmas y candados, pero de poco sirve cerrar las puertas y dejar al klukuxklan fuera cuando tenemos dentro a alguien en quien confiamos y que con uno de los cuchillos de nuestra cocina nos deja secos en un abrir y cerrar de ojos.

En serio, no sé. Es verdad que le doy demasiadas vueltas a las cosas y no debería ¡porque soy un tío con suerte! Lo fácil sería dedicarme exclusivamente a mis aficiones y no pensar tanto en cosas que al fin y al cabo ni me van ni me vienen. Me da igual la ley del aborto, aunque no entiendo que una persona con 16 años pueda tener responsabilidad para unas cosas sí y para otras cosas no. Me da igual que la televisión norteamericana censure un beso entre dos hombres y no censure uno entre dos mujeres, vetando luego al susodicho y cambiándolo en la programación por uno que ha sido condenado por malos tratos. Me da igual, pero sea cual sea la química que se agita en mi cerebro, hace que mis manos se muevan y saquen de ahí dentro todos esos chispazos. Pero ya digo que no tendría por que hacerlo, porque cada vez más, me considero afortunado. ¡Aunque esto de la suerte lo dejo para mi próxima entrada!

jueves 26 de noviembre de 2009

Quiero un gato





Siempre pense que en el momento que me independizase y todo eso me haría de la compañía de un gato. Son animales limpios y muy independientes. No son como un perro al que tienes que lavar, sacar al parque o tener cuidado si se queda en casa solo.

El único problema es que se te cuelguen de las cortinas, rompan algo que les llame la atención o te arañen las esquinas del sofá.

Hay quien dice que son animales ariscos y el gran tópico de "traicioneros". Bueno, no es este un blog para romper tópicos, pero no ha sido esa mi experiencia con los felinos.

Me encantaría tener un gato. Cuanto más lo pienso, más ganas tengo. Pero después del final de mis anteriores mascotas, decidí no volver a encariñarme jamás con una. Y ahora que en cierto modo ha pasado el duelo... no se. Creo que vuelvo a estar preparado. Ahora mismo hay una lucha que enfrenta lo que quiero con lo que debería, y de momento va ganando esta última. Porque debería dejarme de caprichos y ser conciente de que si vuelvo a criar un animal y encariñarme, volveré a pasarlo mal cuando se muera.

Lo que sí me he permitido tener de momento son 3 macetas. Y también hay que cuidarlas. Hay que ver que tienen agua, que reciben el sol que necesitan. Dicen que hay que hablarles y ponerles música... Y si todo eso es cierto, no soy quien para negarlo porque no he tenido nunca esa experiencia, que diferencia a los seres vivos? Las plantas que "domesticamos" necesitan unas atenciones y unos cuidados específicos. Igual que una mascota. Igual que una persona. En las relaciones sociales tenemos que estar pendientes de cubrir las necesidades de las personas que queremos que nos respondan. Debemos estar seguros de que reciben de nosotros lo que necesitan recibir de nosotros. Si eso no es así, la planta se deteriorará y morirá, el animal tres cuartos de lo mismo, y la persona, pues se irá alejando poco a poco de nosotros.

Todos tenemos unas necesidades determinadas. Las amistades y las relaciones en general van entrando y saliendo de nuestras vidas con muchísima facilidad. No es fácil cultivarlas y hacerlas crecer, pero tampoco requiere un esfuerzo constante. Muchas veces incluso nos dejamos ir en lo más sencillo. Pero es que también las personas somos demasiado estúpidas.

Si una planta no recibe su agua y su luz, empieza a mostrar síntomas de deterioro evidentes. Son una alarma de que algo no marcha, y tenemos la solución en nuestra mano. Los animales domésticos son más prácticos en este sentido. Si tienen hambre te lo van a "decir". Si necesitan cariño o tienen frío, te lo van a hacer saber. ¡Son como los bebés! pero cuando estos bebés dejan de ser animales para convertirse en seres estúpidamente racionales, llega la complejidad del asunto. Si tenemos hambre igual no lo decimos porque queremos adelgazar. Si tenemos frío, quien sabe que absurdo interés por parecer lo que no somos, nos llevará a negarlo y a decir que "estoy bien así". Y si necesitamos cariño por mil y una razones inexplicables, porque no todo tiene que serlo, el orgullo del que me siento tan orgulloso me hará encerrarme en mi caparazón y actuar con una cara de no pasa nada y padecer las inclemencias interiormente.

Aunque algunos humanos podemos ser como un gato, que si tiene frío va a buscar acurrucarse contigo, y si está triste te lo va a decir y va a buscar tu apoyo.

Es cierto que solemos rechazar a las personas depresivas, porque nos crean angustia y otra serie de sensaciones que no nos gustan, pero quizá esté en nuestra mano apoyar a esas personas, si realmente significan algo para nosotros. ¿no?

Nos hacen más felices quienes no parecen necesitar nada de nosotros y provocan nuestra risa y bienestar que quienes en un momento dado empiezan a pasarse por tu lado mendigando cariño. Como cuando vemos una persona por la calle, con algún problema psiquiátrico que hace algo que nos hace gracia. No se... molesta a otras personas, canta o se viste de forma surrealista. Pero cuando esa misma persona se dirije hacia nosotros y nos empieza a incomodar, ya no resulta tan simpática y ahora son otros quienes se rien y nuestro único afán es quitárnosla de encima.

Podemos llegar a ser incluso desagradables. Y en este ejemplo de personajes afectados y anónimos no podemos darnos cuenta, pero cuando la persona incómoda es familia o amigo, se va creando un malestar por parte de ambos que lleva a situaciones desagradables.

Pero ya no es sólo en circustancias críticas de necesidad imperiosa de algo. Sino como con las plantas. Debemos ir alimentándolas cada día. Porque si lo hacemos, no tendremos que llegar a situaciones donde prácticamente haya que resucitarlas. Con una maceta llegará un momento que tengamos que decidir si merece la pena gastar agua y recursos en que vuelva a vivir. Podremos asumir que no la hemos cuidado como debíamos o que no sabíamos la manera correcta. Lo mismo con las personas. Por culpa de ese estúpido orgullo no siempre sabemos qué debemos hacer, pero realmente, casi todos los seres vivos funcionamos con unas necesidades similares y universales.

Yo para algunas cosas soy muy dejado. Como en esto de regar. Y ya digo, tengo tres plantas en mi piso y las he trasplantado a unos recipientes de cristal con unas bolitas de esas de silicona que solo hay que regar una vez de tanto en tanto, porque me conozco y sé que no tendría la constancia para estar encima de ellas todo lo que ellas necesitarían. Aún así, me preocupo de que reciban la luz adecuada y hasta he llegado a hablarles...

Con los animales lo mismo. Me gustan los gatos porque son autosuficientes, pero en mi parte, que es darles de comer y asegurarme de que en lo que me necesitan puedo proporcionárselo, estoy ahí. No les fallo.

Con las personas, bueno. Supongo que será igual. Soy muy poco cumplido para estar llamando a la gente y preguntarles por aspectos de su vida que no puedo favorecer. Pero bueno, eso también sirve para que cuando me interese por algo de alguien, realmente sea porque me intereso, no porque socialmente deba hacerlo.

No digo que preguntarle a alguien por la salud de su familia esté mal o sea hipócrita, pero a mí no me sale hacer eso a menos que realmente me importe o piense que esa persona necesita que YO me interese por ese asunto. Pero aún siendo así, creo que nunca le he fallado a nadie. Doy más de lo que recibo, y no lo hago porque me invada ningún sentimiento residual de la educación cristiana. Lo hago porque es mi forma de ser y de actuar.

Pero nos pasa algo con todo esto, y es que hay tantas realidades como personas en el mundo. Y lo que yo haría o considero válido, no es lo mismo que tú harías o consideras válido. Lo que yo necesito no es lo que tú necesitas o lo que tú tienes disposición de darme. Lo que vale para mí, posiblemente no valga para tí. Y si nos cerramos en nosotros mismos, no podremos nunca recibir ni dar lo que puede hacer que una relación funcione, sea esta del tipo que sea. Y si llega el momento de sentarse a hablar, seguramente sea porque ya es tarde. Porque la planta esté seca o el gato se haya ido de casa y esté buscando comida en los contenedores de la esquina y abrigo en el alfeizar de otra ventana. Porque no hayamos sabido interpretar los síntomas, el tono del maullido, el color de las hojas o la intensidad de los suspiros.

domingo 8 de noviembre de 2009

La quimica de los dioses... por poner algo

http://thefutureofthings.com/upload/items_icons/Eye-of-God_large.jpg


Empecé a escribir una entrada sobre la fiesta de Halloween y todo esto, pero no me dio tiempo a tenerla lista para el día en cuestión y tampoco me gustaba como me estaba quedando, así que la dejé olvidada y preferí esperar a que me surgiera otro tema.

No me ha venido a raiz de ese post abandonado, pero sí tiene algo de relación y por eso he querido introducirlo comentando eso. La famosa noche de los muertos que la gente ama, odia o tan sólo ignora. Donde unos dicen que se venera a la muerte y otros dicen que sencillamente nos reimos de ella.

Brujas, monstruos, espíritus... son seres que incluso algunas religiones fomentaban. Nos hacían creer que existían. Los demonios, enemigos de toda una cultura del miedo que amedrentaba a sus fieles. Las almas, entes que como un reflejo de lo que una vez fue un humano, vagaba para vengarse o pedir ayuda con sus lamentos.

Pero digo yo, si las emociones de las personas no son más que una conjunción de reacciones químicas. ¿De donde sacan sus emociones los fantasmas? Porque si el alma es algo incorporeo carente de elementos físicos... ¿Cómo pueden sentir, padecer y estar molestos o felices? O los fantasmas no son más que una sombra insustancial y apática, o es que todos los tratados médicos se confunden. O es que directamente no hay sustancia, por apática que pudiera ser, obviamente.

Y si los fantasmas no pueden existir ¿Por qué culturas enteras giran en torno a eso? A esa no existencia, a esa incorporeidad fantasiosa. ¿Por qué si creemos en la ciencia para tantas cosas, no creemos para las que no nos interesan? Supongo que le tenemos apego a la vida. A nuestra existencia y a la existencia de las personas a las que queremos. No somos capaces de pensar que más allá de lo que vemos, no hay absolutamente nada. Un recuerdo que no nos permite olvidar voces y caras. Una presencia vacía de momentos que no queremos olvidar, pero que perderemos cuando el difunto seamos nosotros.

Y vale que nadie puede decir lo que es verdad y lo que no, y mucho menos yo, un ignorante que lo piensa todo demasiado. Pero ¿Por qué creer lo que nos cuentan los demás? Lo que nos cuentan quienes nos dicen lo que queremos oir. Que si somos buenos seremos recompensados en la inexistencia. Que la carne resucitará y nuestros recuerdos perdidos en la podredumbre regresarán a las conexiones neurológicas de nuestro sistema nervioso. ¡O hay quien piensa que nos reencarnamos! En personas, animales o incluso objetos. ¡Casi me da pena seguir usando este quitagrapas! En absoluto.

¿Y si de verdad hay algo? Supongo que me tocará el peor destino, por incredulo infiel y descastado. ¿Pero y si de verdad no hay nada y mi entera existencia me la he pasado creyendo que debo sufrir para que lo que me espera sea mejor? Y con toda la razón, porque supongo que la nada, es mejor que padecer y lamentarse.

Ya no hablo de dioses o demonios. Pero claro, si no existe nada más allá de la muerte. ¿Para que sirve ese dios que juzga a vivos y muertos por igual? Ese tio que laza rayos y se lleva a su lado a miles de personas cada día hasta que se cansa de jugar con ellos y va buscando amiguitos nuevos.

Los dioses no tienen ningún sentido. ¿Y con qué nos aterrorizarán ahora? ¿Con que nos quitan las pensiones? La muerte existe, y no es un concepto abstracto, es el fin de la vida. Pero más allá no puedo creer en nada. Quizá cuando me toque a mí me vea flotando sobre el cosmos y diciendome: así que era esto. Flotar y flotar seculum seculorum. Porque si la eternidad es lo que mola, ¿para que vivimos? Deberiamos empezar directamente en el olimpo, el eden, o donde quiera que fuese ¿no? Pero que nos tengan que someter a una prueba constante sólo para ver qué se hace con nosotros es muy macabro. ¡Y luego vetan Saw de las salas de cine comerciales! ¿Qué pasa con los sermones en los templos comerciales? ¿Nadie veta a ese dios que le dijo a nosequien que se cargase a su propio hijo? Eso sí es apología de la violencia. Es que el dios aquel tenía unos prontos bastante malos. De hecho aún lo culpan cuando hay una gran tragedia. ¡O lo que es peor! Los manipuladores nos hacen creer que la culpa es nuestra, y que el dios, pobrecito, lo ha hecho para encauzarnos y que hagamos, al fin y al cabo, lo que el quiere.

Pero es que yo cada vez estoy más convencido de que la iglesia no miente cuando dice que ellos conocen la verdad. De hecho estoy convencido de que ellos saben con toda certeza que no hay dioses ni almas, pero que si ahora van y lo cascan, se les acabaron los palacios y los poderes sobre los sacrificados ciudadanos.

Y no quiero que parezca que ataco a la fé de las personas. ¡Cada cual es libre de creer en lo que le de la gana! De hecho creo que el ateísmo no existe. Todos tenemos algún dios. Algo que pensamos superior. Para unos es el dinero, para otros su pareja, para otros sus padres, para mi vecina del primero soy yo porque siempre aparezco cuando se le jode el TDT... y para otros su dios son ellos mismos.

¿El mío? La verdad es que no lo se. Mi eterna lucha por desvincularme de todo hacia lo que siento apego hace que no me haya planteado tener un dios propio ni acoger uno ajeno. Algo habrá, no pretendo parecer diferente, pero no recuerdo nada hacia lo que sienta fé ni devoción. O quizá la felicidad. Es abstracto, no podemos tocarlo, pero creemos que está ahí. ¡Cumple casi todos los requisitos para convertirse en una auténtica deidad! Sí, quizá ese sea el dios en el que creo. Pero claro, ahora vendrá alguien a decirme que todo eso de la felicidad, no son más que reacciones químicas en mi cerebro.

lunes 26 de octubre de 2009

Love, Hate, Love

Salgo un momento a la terraza del hall y observo el cielo. Esta tan oscuro como es habitual en esta fecha, a esta hora y en este lugar. No distingo la linea que lo separa del mar. Una luz anaranjada diferencia con claridad las nubes, que flotan bajas y se desprenden en trozos enormes unas de otras. El viento las mueve con rapidez. Deforma las formas que mi imaginación les va dando.

Vuelvo dentro, a la oficina. El clima parece estar cambiando y me apetece ir sacando algo de ropa de invierno. Cuando llegue a casa no, pero cuando me despierte al medio día quizá lo haga. Debería organizar mi armario. Tengo ropa que apenas me pongo, y ropa que hace tiempo que no me pongo pero que me esta apeteciendo recuperar. Supongo que es lo normal a principios de un cambio de tiempo. Esta melancolía que van trayendo el otoño y el invierno. ¡Quizá incluso sea la causa de que me haya dado por escribir tanto ultimamente! No lo se.

Voy arrastrando sueño de unos días a hoy. Apenas he estado durmiendo 4 horas, pero si duermo más no tengo tiempo para disfrutar con las cosas que quiero disfrutar. Hoy estoy deseando llegar a casa y quitarme el disfraz. El que me pongo para trabajar, quiero decir.

Todos nos disfrazamos a diario según la ocasión. Disfrazamos nuestro cuerpo en un ritual social de camuflaje. Y disfrazamos nuestros actos en un ritual social de consecución de objetivos. Nos resulta dificil mostrarnos como realmente somos. Nos resulta dificil porque realmente no sabemos por qué hacemos lo que hacemos y creemos que lo hacemos porque es lo que debemos hacer. Lo que se espera de nosotros. O porque es lo que va a hacer que consigamos aquello que pretendemos conseguir.

Es como una persona que sale a ligar un sábado por la noche. Lleva esa intención. Se disfraza para ello según donde pretenda ir. Elige una ropa, un peinado... y cuando llega al lugar donde piensa desplegar sus encantos, miente al interactuar con las personas que le interesan sociosexualmente. Y no sólo se trata de mentir, sino de desarrollar el plan preconcebido, haciendo de algo tan natural como charlar y conocer gente, un elaborado ritual donde todo está calculado.

Empiezo a pensar que las personas no se emparejan con quienes son similares a ellas por afinidad, sino por comodidad. Hay quien es capaz de cambiar su disfraz por otro parecido al de la persona que le gusta. Total, se trata sencillamente de conseguir un objetivo. Si dispones de los medios, adelante. Nadie se dará cuenta de que estas falseando la realidad. De que no te estás mostrando como eres realmente. De que te estás disfrazando y estás mintiendo en un desesperado intento para conseguir lo que quieres. Pero lo que decía de la comodidad. Si no dispones de los medios para cambiar de disfraz social fácilmente, es mucho más probable que acabes con una persona con cuyo disfraz coincidas.

Todo esto está muy relacionado con las etiquetas realmente. Intentamos convertirnos en lo que creemos que debemos ser y nos perdemos la oportunidad de conocernos y saber quien somos en realidad. No critico la capacidad camaleónica de ser incalificable, sino la falsedad de transformarnos según la ocasión para aparentar ser quien nos gustaría. ¿Pero cual es la línea que separa una cosa de la otra?

Posiblemente la manera de pasar esa línea para poder diferenciarla, son los límites. Los límites a los que se puede llevar a alguien para que se muestre como es en realidad. Que salga su animal y sus bajos instintos, como suele decirse. Si frustramos a una persona, saltará a la desesperada. Su conciencia se nublará por el fracaso y actuará como realmente es. O no es eso. No es como realmente es, sino como no desea mostrarse. Como no queremos que sea. Porque sacará la rabia acumulada, los celos, las envidias y todas esas cosas que contiene para darte su mejor sonrisa. Sacará sus deseos de venganza porque alguien habrá estropeado sus planes. Esos planes tan elaborados para los que ha tenido que maquillarse, disfrazarse, interpretar el papel que creía más apropiado para conseguir sus fines.

Sí, es eso. Si queremos ver la realidad oculta tras una persona, sólo debemos frustrar la actuación que ha estado preparando, y mostrará aquello que tanto se ha esmerado en ocultar.

Quizá entonces, si nos mostramos siempre como somos en realidad, no correremos el riesgo de que llegado el día, alguien descubra que no somos quien aparentamos ser. Nadie podrá reprocharnos el ser unos falsos o unos hipócritas interesados, porque no habremos estado participando de ningún teatro. Evitaremos sentirnos ya no frustrados, porque creo que nadie se puede librar de eso, pero sí humillados.

Sí y tienes razón. Es posible que si te comportas siempre como eres y no de acuerdo a lo que los demás esperan que seas, seas más odiado que amado, pero al menos no te amarán por quien no eres.

Y eso pasa. Cuando va cambiando el tiempo revisamos nuestros armarios y vemos lo que nos vamos a seguir poniendo y lo que se queda pequeño a nuestro lado. Cosas que adquirimos un día pensando que iban a quedarnos bien o a gustarnos pero que al tiempo empezaron a salirle defectos o simplemente nos dimos cuenta de que no era lo que queríamos. Con la ropa es más fácil, claro. No puede mentirnos ni poner cara de pena o hacerse la indignada. No intentará quedar bien delante de nadie y hacer ver que la culpa es tuya. Que tú eres quien hacía el teatro.

Pero bueno. Si no nos viene bien a nosotros, ya habrá alguien que le saque provecho, hasta que vuelva a sobrar en otro armario.

sábado 17 de octubre de 2009

Ordenado y Simple

Everytime you're drowning
You're sinking under water
I put my hand down to you
And pull me right under
Right under with you
And why?
Always got to do that thing
Do that thing to me
And why?
Everytime the sun is shining
It shines so bright
So bright
I cant find sky
And why?
Always got to do that thing
Do that thing to me

- Babes in Toyland - Dogg

Tenía un cassette de Babes in Toyland rulando por casa y la funda de otro, que le deje a una amiga hace demasiados años como para acordarme de que lo sigue teniendo. Ahora, milagros de la tecnología, puedo escuchar esos mismos discos en el portatil, mientras escribo esto, por ejemplo.

No pretendo convertir este en un blog sobre música, pero no puedo negar que la música ha sido y es algo importante en mi vida. Algo que quizá haya influido mi forma de ser o de pensar. Ni idea. Quizá simplemente haya sido algo que influyese mi manera de sentir. Sí... eso es más probable.

Y bueno, por circunstancias supongo, como todo en esta vida, siempre hubo un estilo musical que me apasionó, que es el que se conoce como grunge.

Ya sabeis (deberíais) que no me gusta encasillar las cosas. Los humanos tendemos a ello para sentir que tenemos cierto control, supongo. Pero a mi ese es un control que no necesito. No lo necesito porque es traicionero. Porque nos sectariza y nos limita, además de que hace que nos perdamos cosas que nos podrían enriquecer o al menos dejarnos pensar.

Sucede con la música. El grunge, de hecho, surgió en cierto modo como rechazo al heavy metal. La actitud, la presencia, el sonido... ¡todo! Pero es curioso, porque todos partían de la misma base. Tenían un pasado común, unas influencias idénticas. Verdad, es igual que las religiones o los partidos políticos. Pero todo esto crea un problema.

Si te gusta el grunge, no debe gustarte el heavy metal. ¿Y por qué no vas a poder disfrutar de una canción de ese estilo? Te lo diré: porque es lo que se supone que debes hacer.

Cuando aceptamos que nos encasillen, estamos aceptando que nos limiten. Estamos aceptando que nos censuren y nos controlen. Estamos permitiendo que nos manipulen. Es como si te dieran a elegir. En un momento de tu vida te preguntan: ¿Qué quieres ser? Decidete rápido. ¿En qué círculo social quieres moverte? ¿Cuales van a ser tus influencias musicales, ideológicas, sociales?

Pero no tenemos que tomárnoslo así. No es un venga, va. No es tampoco hoy soy esto pero mañana se supone que debo madurar y acatar otras normas. Lo que somos, lo que pensamos, nos acompañará siempre. Yo no me dejo encasillar en esa subraza que trabaja con chaqueta y corbata sólo porque trabaje con chaqueta y corbata. No permito que eso haga que deba actuar como si fuese muy adulto y muy maduro. No necesito mantener ninguna apariencia. Reniego de las etiquetas. No de que me las pongan, que al fin y al cabo me da igual, sino de autoimponérmelas, que es el riesgo. O peor aún, de colocarlas yo.

Si la gente me etiqueta es problema suyo, porque esperarán de mí determinada conducta. Creerán que conocen mis reacciones y mis respuestas. Creerán que tienen control sobre mi. Si crees que controlas algo y has errado en los matices, puedes acabar decepcionado o algo peor. Por eso no etiqueto, no clasifico, porque no quiero que me quemen esos matices. No quiero perderme en la simpleza de los mecanismos con los que pensamos que funciona todo.

Por eso, clasifícame, ponme un nombre. Usa el nombre con el que identificas a todo lo que crees que es como yo. No me importa siempre que no te lo tomes como algo personal cuando me salga por los límites de tu delimitación.

Por eso, si alguna vez nos hemos planteado ser algo, que eso no haga que dejemos de ser nosotros mismos. Porque en el momento que creamos que pertenecemos a algo que a su vez nos pertenece, estaremos dejando de ser libres. Estaremos entrando de cabeza en una secta, en un pensamiento global que adquiriremos creyendo que es lo correcto. Y quizá nos sirva para llevar una vida ordenada y simple, pero también para convertirnos en personas ordenadas y simples. En engranajes perfectos para esta maquinaria que hace que, aparentemente, funcione todo.

lunes 12 de octubre de 2009

Guerra... o no...



Tenia escrito un post sobre berlusconi (en minusculas) hablando sobre la mentira, la doble moral, la hipocresia del poder y todos esos sinónimos gubernamentales, pero después de redactarlo, me di cuenta de lo increiblemente fácil que resulta criticar a personajes de su talla. Quizá por eso no me gusta personalizar mis críticas, porque si jugamos un poco con los anonimatos, se hacen más generales y podemos ver cada uno la realidad que más se ajuste a nuestra experiencia. ¿O no?

El caso es que me ha parecido una entrada tan fácil y tan obvia que he preferido no publicarla. Pero tampoco quiero dejar de lado todo esto de la mentira del poder y tal.

No me ha molestado hoy especialmente cuando he sacado un café en el trabajo (soy de esos que también trabajan en domingo sin ser cura) y no ha salido azucar. He movido el brebaje automáticamente y he tirado la cucharilla de plástico a la papelera, como hago siempre. Después, el primer y amargo sorbo. Pero como ya digo, no me ha importado mucho. Últimamente me resulta demasiado empalagoso el cafe y poco a poco iba reduciendo la dosis de azúcar que salía de la máquina. No ha supuesto ningún drama.

¡Hay otros dramas que atender en este mundo! Y no podemos esperar a que lo haga don fetuchini berlusconi (sin animo de ofender a sus conciudadanos)

Hace poco fallecía otro militar español en Afganistan. Lamentable, como cualquier víctima de un conflicto bélico. Moría por una acción violenta, un atentado, o como quieran llamarlo. Porque pueden llamarlo de cualquier manera, pero nunca dirán que es una guerra.

Los políticos se pierden en etimologías y semánticas. Porque su poder es la oratoria, y la palabra es en lo que se basa. Y por no usar una palabra, usan otras que vienen a significar lo mismo. No importa si la misión es de paz. Ya lo decía... ¿un militar?

"si vis pacem para bellum"

Si quieres la paz, prepara la guerra. Y así es. Las misiones de paz, esas en las que hay personas armadas, que entran en conflicto unas con otras, donde hay riesgo de muerte violenta a manos de manos violentas, son guerras. Y aunque queramos llamarlas "paseo por el parque en una tarde de abril" como si se tratase de un cuadro impresionista, no dejarán de ser lo mismo. Yo puedo tener un perro que se llame trueno, pero no dejará de ser un perro.

Y tras la noticia de la muerte del militar, más noticias de corrupción política. Fulanito se lleva el dinero de su ayuntamiento, a sotanito le hacen una sotana con botones de oro y a menganito lo han vuelto a pillar gastándose el dinero en los burdeles que no debía. ¡Pero no pasa nada! Porque igual que la guerra no era guerra, ¡esto tampoco es corrupción! Resulta que se llama algo así como "casos aislados"

¡Y se atreven a llamar a la 'gripe A' pandemia! Podríamos ver una gráfica de cuantos casos de una y otra enfermedad se han dado a lo largo del año. La corrupción es la auténtica pandemia aquí y la gripe A los casos aislados en los que insisten. Pero es que es muy fácil pintar las palabras con el color que queremos. Es como cuando escribes azúl en rojo. Es fácil confundir y engañar a nuestros cerebros primitivos. Es tan fácil como criticar a berlusconi. Tan fácil como llamar misiones de paz a las guerras. Tan fácil como destapar un caso de corrupción en un ayuntamiento de España.

Y de nuevo todos caemos en la doble moral, cuando las noticias anuncian a bombo y platillo que el insurgente que organizó el atentado/ataque/asesinatoalfinyalcabo del soldado español, ha sido abatido bajo el fuego aliado y nos alegramos, congratulamos y celebramos la grandiosidad de la nación que es capaz de hacer justicia con el ojo por ojo, los mismos que nos echamos las manos a la cabeza con la pena de muerte.

Porque la venganza, supongo, es natural, aunque sólo alivie a los que no hemos perdido nada en el camino, porque de poco consuelo le servirá a la madre del soldado español o a la madre del militar extranjero.

Somos unos malditos hipócritas, que damos a cada cosa el valor que creemos que merece según nos beneficia y según nos hace sentir, aplicando a situaciones idénticas, medidas opuestas. Somos incapaces de ser objetivos, de admitir los errores, de reconocer el daño. Nos creemos el cúlmen de la evolución animal cuando nos hemos convertido en la peor expresión de la misma. Tenemos una habilidad innata para engañar y mentir y sacar el máximo beneficio personal. La facilidad de tergiversar las palabras y los hechos para convertir un proyectil que viene contra nosotros en un proyectil aún más potente lanzado por nosotros. Los seres humanos somos despreciablemente dañinos para nuestra propia especie y para cualquier otra. Los conflictos armados son el peor reflejo de nuestras frustaciones. O lo que es más, de las frustraciones de los dirigentes, que no gestores, de una sociedad autómata y temerosa.

Por desgracia, nos estamos acostumbrando a esto y cuando ocurren hechos que deberían revolvernos de nuestros asientos, los miramos asqueados, como un café demasiado empalagoso al que le vamos quitando poco a poco el azúcar. Hasta que un día sale de la máquina sin nada de esta, y nos da igual.

domingo 4 de octubre de 2009

Regreso de Alice in Chains! entre otras cosas...

Vale, supongo que no son lo mismo que hace 15 o 20 años, pero tal y como esta el panorama musical hoy dia, a uno siempre le alegra que un grupo mítico (que lo son) saque disco de estudio despues de 13 o 14 años de recopilatorios insípidos. Y el disco está bien, para que negarlo. Siguen sonando a ellos mismos a pesar de las pérdidas... y es que lamentablemente las drogas han estado siempre muy ligadas a los personajes que nos han dado grandes genialidades artísticas.

Supongo que uno tiene que tener algo dentro que le impulse a escribir. Es como cuando cae un insecto en tu vaso de zumo y cogemos la cucharilla, o directamente metemos el dedo para sacarlo de allí. Cuando lo hacemos sentimos tranquilidad, satisfacción... aunque a veces acabemos vaciando el vaso por completo.

Quizá ese es el papel que juega la droga. Juega contra aquellos que no consiguen sentirse satisfechos y creen que deben vaciar el vaso. Sacar todo su jugo y flotar tras de una dosis de "matahina". Sólo así se liberan de sí mismos, de sus miedos, de sus responsabilidades, de su rechazo al compromiso. Sólo así huyen de la obligación que les persigue por no poder conformarse con ver las cosas como nos las pintan.

Naaa, no intento justificarles. Las drogas son para los débiles, para hacerse aún más débiles. Y la música, la prodicción musical me refiero, sea la antesala de una maraña de pensamientos que se expanden como un tumor y se terminan haciendo demasiado peligrosos.

No lo sé. Cuando más creo que sé, más ignorante me siento. Hay tanto que doy por hecho y tanto con lo que no puedo tragar que me aterra volverme un conspiracionista, pero a la vez me parece tan evidente lo que veo en los medios, en las personas... es tan evidente...

Los seres humanos somos tan estúpidos... ya no es lo que se dice que no aprendemos de los errores, blablabla. Es que somos incapaces de evolucionar. Nos empeñamos en que las revoluciones sean violentos cambios de poder. Hacemos jaque mate después de haber sacrificado a todos los peones.

¡Los voluntariosos peones!

Que se empujan unos a otros al sacrificio inevitable. ¡Innecesario!

No es la manera. Lo vemos en Honduras por ejemplo. Vemos un presidente democrático y dictatorial derrocado por metodos ajusticiables, y otro lider en un poder temporal y atemporal. Vemos también al pueblo enfrentandose en apoyo a uno y otro lider... ¡como si les debieran algo! Como si el tio del sombrero y del bigote fuera un heroe. Los heroes no promueven revueltas violentas ni enfrentamientos mortales entre hermanos y familiares. Los heroes no se empeñan en mantener el poder cuando se supone que lo que persiguen es una buena gestión del patrimonio y de la "patria". ¿Qué heroes son esos? ¿Qué líderes? Son reyes de un ajedrez que mientras los peones se matan, ellos se ocultan tras la torre.

Pero el pueblo ¿Qué papel tiene? ¿Es que no debe rebelarse contra un golpe de estado? ¿Acaso debe acatar? El pueblo debe unirse por lo que considere justo para el pueblo y atacar, pero desde el intelectualismo, desde el apoyo internacional, sin favorecer a líderes megalómanos. No están ahí para salvarnos de nada. No tenemos que creernos los enemigos de los políticos, porque así es como nos dominan, erigiéndose salvadores de los miedos que ellos mismos siembran y riegan. Así es como consiguen que la gente se mate defendiendo honores y poderes que no les atañen.

¿Qué papel tenemos nosotros en todo esto de "salvar al mundo"? ¿Qué papel tiene la música por ejemplo? Lo que sé es que cuanto más alejados estemos de la trama publicitaria y económica que hay detrás de todo, más dificil será que lo que hagamos sirva para algo, pero al menos, lo estaremos haciendo con más libertad.

En serio, si os gusta el rock pesado, el grunge y todos esos sonidos de principios de los noventa, escuchad el último disco de Alice in Chains. Me lo compraría si no costase casi 20 €uros. Prometo escribir un nuevo post antes de 14 años.