Pandémica y celeste - fragmento

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Oyendo otro viejo caset, donde tras un EP de Diabologum había algunos poemas, escuché íntegro Pandémica y Celeste, de Jaime Gil de Biedma.

Había otro de Bukowski, Como una flor bajo la lluvia, pero soy más de Biedma.

Hoy me siento como en este poema suyo. Me di cuenta después de escucharlo, leído por el propio autor, en esa vieja cinta.




[...]

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

- Pandémica y Celeste - Jaime Gil de Biedma

de 90

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Me acuerdo cuando compraba "casets" para grabar mi musica. Compraba una cinta de 60, o de 90, en función del dinero que tuviese o lo que quisiera grabar.

Me hacía recopilatorios de los vinilos que rondaban por casa, me grababa alguna cinta o algún cd de un amigo, o me grababa a mi con la guitarra o diciendo gilipoyeces...

Ahora buscaba un caset de los Melvins y he encontrado esta cinta que me grabaron en los 90. La menciono en mi diario...

3-9-1996

[...] Tengo que llamar a Luis para decirle que me grabe unos inéditos de Nirvana, y para ver que va a hacer en fin de semana. Tengo que aprender a no pensar en el futuro.

10-9-1996

El otro dia me grabaron unos inéditos de Nirvana que son la caña. Hoy mismo he sacado una canción con mi guitarra. [...]

Está sonando la cinta ahora en mi equipo de música. Hace unos días, mirando papelotes que tenía por mi escritorio, encontré algo que tenía escrito. Lo escribí en febrero de este año. Era la letra de una canción... Me gustaría ponerla aquí, pero antes quiero sacarle unas notas con la guitarra y ver cómo cantarla.

Adoro esta cinta. Cuantos recuerdos. De pronto estoy a finales de verano, en Punta por la noche. Tenemos una botella de refresco de limón mezclado con vodka para Luis y para mí. Vamos de la ría a la calle ancha, de la calle ancha a los pisos de Vero. De vuelta a la ría con todos los demás. Nos sentamos en el suelo o en un banco. De pronto bajo a mear a la ría y vuelvo. Estamos con las coñas toda la noche. Adoraba a ese grupito. Ahora cada uno tiene su vida. Es lo que pasa. No hay nada que dure para siempre. Es como lo que puse en mi diario ese 10 de septiembre del 96. tengo que dejar de pensar en el futuro. Me lo dije en mi más aterradora adolescencia y todavía no lo aplico.

Le doy la vuelta al caset. Mi equipo tiene autoreplay, pero no autoreverse... practicamente como mi propia vida... ¿Dónde tendré la cinta de los Melvins?

in chains...

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A meal a day, a meal, I say
And my heart's made my ...

Somebody else already used the word 'aurora-borealis'
She was tied up in chains, and Sam had helped her in the freezer

She's only five weeks late, but I haven't had a date forever ...
Ever ... ever ... forever!

Help me stay awake

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i'm falling...


Foto: Sam in chains Canción: Counting Crows - Perfect Blue Buildings


A veces tenemos un pie ahí... al borde de algo que tan sólo tenemos que rodear, saltar, esquivar. Son obstáculos que nos impiden seguir adelante con nuestras vidas o con lo que sea que queramos hacer, bueno o malo, terrible o peor.

Yo no sé si hubiera pasado la pierna sobre la baranda. Tengo sueños, todavía los conservo. Me gustaría saltar en paracaidas, por ejemplo. Siempre he sido muy tranquilo, pero siempre he vivido al límite. Sí, también he sido muy contradictorio.

Es fácil verlo todo desde arriba. Te asomas tras esos barrotes decorados con un arte demasiado elaborado. Sabes que estás a salvo. Pero también sabes que si te sientas al borde del murito, corres peligro. Puedes caerte, hacerte daño, morir.

Y morirse es una putada para los demás. Para quienes te acompañan en este viaje por el mundo absurdo de las fantasías de otros y tus sueños negados y violados.

Pero aún así, ya digo; me gusta soñar.

No tener pesadillas, como estos últimos meses, en los que cada momento despierto o dormido, en mi mundo real o en el onírico han sido tormentosos. Pero no como esas tormentas en las que te quedas en casa, enciendes la chimenea y oyes la gotera de la cocina mientras la lluvia golpea con fuerza los árboles que rodean tu casa. Es como una tormenta en mitad de un océano y vas subido en una barca pequeña, al descubierto. Es una de esas tormentas en las que deseas hundirte con los pedazos de madera que te mantienen a flote.

Esa es la diferencia entre apoyarte en la barandilla o pasarte al otro lado, balancearte confiando en la fuerza de tus dedos, que se aferran al ladrillo viejo y gastado. Cerrar los ojos y dejarte caer, confiando que alguien te recoja, o que nadie te eche de menos.


It doesn't get much worse than this
In beds in little rooms in buildings
in the middle of these lives
which are completely meaningless
Help me stay awake, I'm falling...

God am

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He empezado un nuevo diario, creo que ya lo comenté... Creo que será el último que escriba. Es un cuadernito con tan sólo 30 hojas creo. No las he contado, me he fiado del número en árabe que aparece entre los caracteres japoneses de la etiqueta de contraportada.

Espero que el boli morado me dure a lo largo de todo el diario... Apenas se nota el color, pero es una de esas chorradas que me hace ilusión. Quien me conoce ya sabe que me ilusiono con la tontería más insignificante.

Bueno, me termino el desayuno, leo algo de mis anteriores diarios y me duermo. Ultimamente no he avanzado en la lectura de 1984. Incluso tengo un par de comics a medio leer. Tampoco he retomado el guión de la serie. No estoy haciendo mucho por mí. Ni siquiera estoy centrado en este nuevo diario-testamento. A ver si voy a Paris dentro de dos semanas que tal me sienta.

El Incidente - Introducción

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Lo que os traigo hoy, es el comienzo de una novela que empecé hace unos meses, pero que dejé abandonada, principalmente porque quería explorar e investigar un poco sobre algunos aspectos científicos que desconozco y desearía incluir.

Es una primera versión, sin repasar ni retocar. Una leve introducción que no nos cuenta nada. Espero que al menos os entretenga.

Thanks!




EL INCIDENTE


- ¿Y hasta donde cree usted que podría llegar el ser humano?
- ¿Hasta la extinción probablemente?
- ¡No vaya tan rápido!
- ¡Pero si acabo de ahorrarle milenios de dudas!
- Ojalá tuviera milenios para plantearme y buscar respuesta a cada una de las preguntas que me van surgiendo.
- Usted ya es casi un dinosaurio.
- Que romántico ¿verdad?
- ¿Yo?
- ¡Los dinosaurios!
- ¿Incluso más que yo?
- Sin duda. ¡Dese cuenta! Nos hacen pensar y nos hacen soñar. Incluso el enigma de su extinción es extrañamente atractivo.
- Ahora si me intriga.
- ¿Qué cosa?
- ¿Hacia donde cree que vamos? ¿Hasta donde cree usted que podría llegar el ser humano?
- Sin frenos hacia nuestra propia extinción.

Los dos retuvieron esa cuestión en sus cabezas mientras continuaban trabajando, cada uno con un ordenador. Sus mesas, prácticamente una a espaldas de la otra hacía que sus conversaciones pareciesen diálogos internos.

- Me asusta eso de la extinción, pero más a nivel personal.
- ¿Se explica?
- Me preocupa mi propia extinción, vaya.
- Como a casi todos supongo.
- Es lo que usted decía, eso de disponer de milenios para descubrir en qué acabará todo esto.
- Una pena que no lo vayamos a ver nosotros.
- Quizá un budista ¿verdad?
- Los budistas son personas con un miedo terrible a la muerte.
- No sé. Todas las religiones parece que pretenden que las personas perdamos el miedo a morir, nos cuentan que vamos a un lugar maravilloso.
- Bueno, nos quitan el miedo a morir a cambio de crearnos el miedo a vivir.
- Nunca pensé que fuese usted tan ateo.
- Supongo que se cumple la vieja tradición del científico ateo. ¿Le sorprende?
- No es eso. Su generación…
- Mi generación se educó en el miedo a los hombres.
- Gracias por la herencia.
- Jajaja. Me gusta que sea tan claro. A veces creo que no tiene la más mínima empatía.
- ¿No? Me encantan los gatos. ¿No le vale?
- Seguro que a Hitler también.
- De algún sitio sacaría la idea del bigote ese hombrecillo.
- Usted sería un buen político. ¿Nunca se lo ha planteado? Tiene la edad perfecta para comenzar a echarle cara.
- ¿Mentirle a millones de personas sólo para ganarme favores y disfrutar de una jubilación millonaria?
- El científico ateo y el conspiracionista... ¡Aterrador!
- Le da miedo que me vuelva un paranoico.
- Me da miedo que los seres humanos caigamos en los tópicos con tanta facilidad.
- Quizá no es que los científicos seamos ateos conspiracionistas, sino que los ateos conspiracionistas nos hacemos científicos.
- Y eso acabaría con los clichés.
- No creo, la ignorancia nunca lo permitiría.

El hombre de mayor edad apaga su ordenador y se queda observando la pantalla en negro durante unos segundos con rostro inquisitivo. Su rostro cambia con un suspiro que lo saca de su efímero trance.

- Váyase a casa, tampoco hemos salvado el mundo hoy.
- ¿Le acerco?
- No se preocupe, me quedaré aquí un rato más con los archivos. Además, tengo la moto en el almacén.
El hombre más joven era alto. Con el pelo castaño algo descuidado y un gesto amable a pesar de su cinismo. Su apariencia era más la de un estudiante despistado que la de un científico.

Detuvo su coche en la acera frente a un local de comida para llevar. Llovía cuando cruzó la carretera. Sujetaba su abrigo largo para cerrarlo al pecho y fruncía el rostro contra una insistente lluvia.

- Buenas noches.

El dependiente le contestó con una mirada.

- Dígame.
- Me llevo un quince y un veintiuno. ¿Cerveza tiene?
- Latas.
- Un par de ellas.

“El profesor se va a empapar en la moto” pensó mientras regresaba a su coche. “¿Ves como sí tengo empatía?”

Giró sancionablemente para emprender el camino de regreso al laboratorio. Sólo le llevó quince minutos llegar y aparcar en la misma entrada al edificio. Una construcción oscura de ladrillo visto con más de 30 años. La puerta principal estaba bloqueada desde el interior, por lo que la llave del chico no sirvió para nada. Rodeó el bloque hasta llegar a la puerta lateral de servicio. Abrió y accedió directamente al almacén. “Bueno, la moto sigue aquí, espero que le guste el beicon”

Al ir a encender la luz de la escalera que subía a los despachos, se dio cuenta de que no funcionaba. Habían saltado las luces de emergencia por lo que debía tratarse de algo general. “Habrá bajado a encender los fusibles, subo y lo espero en su oficina”

Pero la escena se tornaba más siniestra por momentos. La mesita de té del descansillo estaba tirada en el suelo junto con la planta que solía descansar sobre ella y un refregón de algo que podía ser sangre presagiaba algo terrible. El chico soltó la bolsa con su cena y miró alrededor, buscando de manera desesperada algo que le sirviese como arma. Los indicios no relataban algo parecido a un accidente doméstico. Se le enturbió la visión con nubes blancas. Cerró los ojos y respiró con fuerza tratando de calmarse. Se quitó el abrigo y caminó decidido hacia el despacho de su compañero.

El hombre yacía bocabajo en un charco de su propia sangre.

- ¡Profesor!

Esta brotaba de una enorme brecha en su cabeza que le teñía el pelo de rojo. El joven se lanzó a tratar de detener la hemorragia con bastante frustración, ya que el flujo no cesaba. Comprobó el pulso de su compañero palpándole el cuello para descubrir que carecía de latido. Se levantó con vehemencia y fue a buscar su abrigo al pasillo. Sacó un teléfono móvil del bolsillo interior y marcó el número de emergencias.

Tras explicar la situación volvió junto al cuerpo inerte de aquel hombre. Trató de modo fútil taponar la salida de sangre con un trapo y volteó el cuerpo. Le buscó nuevamente el pulso y apoyó suavemente la cabeza del cadáver sobre un cojín.

Se puso en pie y miró a su alrededor. Había algunos cajones abiertos y revueltos, algunos papeles y otros efectos por el suelo o encima de las mesas… Esto hacía pensar que quien fuera había encontrado lo que buscaba rápido, o que había tenido que salir a toda prisa sin terminar su labor. El chico estaba angustiado. Se sentó en uno de los sillones de piel marrón y comenzó a llorar sin consuelo.

Los servicios sanitarios de urgencia y la policía no tardaron mucho en llegar.

“Muere de forma violenta uno de los investigadores del Proyecto Boreas, el cual se encontraba en su primera fase de desarrollo. Se desconocen las causas y si estas están relacionadas o no con la actividad científica de la víctima. De momento no hay identificado ningún sospechoso”

- No debió haber tocado el cuerpo.
- Lo lamento… yo…

La discusión se desarrollaba en uno de los despachos del cuartel de policía.

- ¿Modificó algo más de la escena del crimen aparte de la posición del cadáver?
- Absolutamente nada. Pensé que podría hacer algo por él, por eso…

El inspector le interrumpió de nuevo.

- Necesito que me relate de nuevo el tiempo que estuvo fuera.
- Poco más de media hora. Fui a por algo de comida, y como llovía volví por si el profesor quería que le acercase a su casa. Ya se lo he contado todo en mi declaración.
- Su coartada hasta el momento es plausible, pero mientras terminamos la autopsia, le pedimos que esté localizable. Podría convertirse en sospechoso.
- Entiendo.
- ¿Mantenía alguna rivalidad con el profesor?
- ¡No! ¡En absoluto! Yo…
- Trabajaban juntos en un proyecto.
- Sí, el Boreas.
- ¿Puede relatarme sobre qué trata?
- Los medios se hicieron eco de él hace algún tiempo, y pueden consultar el dossier que les facilité. No es ningún secreto de estado.
- Pero la investigación se llevaba en secreto…
- Los procedimientos y los resultados sí. El objetivo no.
- ¿Destacaría algo sobre los resultados obtenidos?
- Realmente no. Nada para matar a una persona, desde luego.
- Bueno, puede ir a casa a descansar. Le insisto en que permanezca localizable y le recomiendo que busque un abogado.

El joven se levanta y antes de dirigirse hacia la salida, mira de soslayo al policía.

- Gracias.
- Descanse.

Mis diarios - Agosto del 96

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6 - 8- 1996 - Martes

- ¿Quien soy? - No llevo una existencia propia. Tengo que responder ante los demás y sufro por ellos, señor, ayúdame a ver la verdad, si es que existe. Quiero ser existencialista pero no tengo la edad necesaria. Quisiera saber qué es lo que me ha llevado a ser como soy, quisiera saber como soy, pero me conozco muy poco, no sé de lo que sería capaz, y eso me aterra, porque soy yo el que trabaja mi destino, y eso me aterra aún más, y aún más me aterra que los demás se metan en mi labor, porque sólo a mí me corresponde. Voy a tratar de lograrlo todo por mí mismo, y si no, me suicidaré, y también me suicidaré si me veo prisionero, y si veo que no existo para mí. Porque si no existo para mí no quiero existir para nadie más.

10 - 8- 1996 - Sábado

Pienso porque existo, y me doy cuenta de todo lo que pasa. Nadie puede decirme que no a algo que yo sé que sí es, nadie puede cambiar mi existencia. Nadie puede hacer nada que yo no quiera, pero todo esto es mentira.

11 - 8- 1996 - Domingo

Hoy es domingo, anoche salí por Punta Umbría, y volví a las cuatro de la madrugada. Me lo pasé muy bien. Conocí a dos chavales que me presentaron y que eran muy buena gente, y les gustaba Nirvana y todo eso y estuve mucho tiempo con ellos. Nos presentaron, se fueron no se donde y volvieron al poco tiempo. El que llevaba la camiseta de Green day me dijo "A ti te gusta Nirvana, ¿no?" y le dije "Pues claro". No sé cómo pudo darse cuenta. Yo vestía con mis playeras negras y mis pantalones vaqueros marrones. Luego, mucho después me dijo, "Te pareces a Kurt Cobain" y me dijo que en los gestos que hacía y mis movimientos, y todo eso y la verdad es que puede que sí, pero no lo sabía. Mi amigo nuevo se llama Luis y es muy buena gente.

13 - 8- 1996 - Martes

No tengo ni idea de qué poner, es mediodía y tengo las letras de muchas canciones

16 - 8- 1996

Soy un jodido cabrón que no puede seguir viviendo su vida, no merezco nada, o al menos eso piensa la gente, me veo encerrado, estoy escuchando música, pero no puedo ver nada, y nadie me ve a mí, creo que no se nada sobre nadie y que si no me mato yo lo acabarán haciendo ellos. Se que la vida es algo que hay que pasar para poder morir, pero todo da igual, me voy a tocar la guitarra, para terminar de desahogarme, deshaogarme, o como coño se escriba. Me jode mucho la forma de pensar que tiene la gente, no entiendo tanto odio y esas cosas no sé cómo debo actuar, pero si yo fuese como ellos me sería todo más fácil, pero yo nunca seré así, porque no me da la jodida gana, y no me voy a dejar vencer, y voy a arrasar con todo de una jodida vez.

17 - 8 - 1996

No hay nada de nada, ni siquiera mi existencia vale ya la pena, no me ven que lloro, porque no lo hago, porque no quiero que lo vean.

28 - 8 - 1996

Se me ha roto una cuerda de mi guitarra.

30 - 8 - 1996

Ayer fui a Huelva por la mañana. Había una zona donde se habían desprendido unas tuberías o algo así, porque salía mucha agua. La policía estaba reteniendo a los que querían pasar hasta que colocasen una rampa, para evitar un corte en el suelo. (Donde estaban las tuberías). Pues el caso es que yo pasé por las buenas y nadie me vio. Crucé entre los policías y los transeuntes, pero nadie pareció verme. Mi guitarra vuelve a sonar.

Killer is me

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Supongo que pegaría hablar de mi estancia en Madrid, pero no sé si es muy apropiado. No por nada, sino porque entre tantas cosas, he iniciado un nuevo diario. No sé si por la añoranza que me ha dado releer mis textos de adolescencia, o porque me enamoré del cuaderno "casihechoamano" de tapas negras que vi en una tienda en la calle Fuencarral. Digo lo de casi, porque es del mismo corte que los que yo me preparo para mis poemarios y chorradas. Ayer por la mañana lo inicié, en el autobús de vuelta de Madrid a Huelva.

Y ya digo que pegaría hablar, pero no estoy por la labor. Es complicado hacer un viaje y meter la pata de tal modo que haya quien desee que te dejes amar, y quien desee que te dejes matar, (o simplemente arrojarte del vagón de un metro en marcha). Y a pesar de todo, habérmelo pasado bien. No bien, sencillamente genial. A pesar de los pesares, que ya habré escrito en más de una ocasión.

Es divertido cuando te cruzas con algún famoso, que en realidad me importa una mierda, pero es gracioso ir andando, que alguien te de en el hombro, darte la vuelta y que sea la chica con la que te lo pasaste de puta madre la noche antes. Es gracioso porque es Madrid, capital del imperio, donde hay más de tres millones y pico de personas. También es gracioso volver solo de madrugada al hotel en metro, y que entren en tu vagón esas chicas que por ellas me hubieran despedazado por ser tan cabrón. Curiosamente, no nos habiamos visto jamás en persona hasta ese momento, yo a ellas apenas ni en foto, pero las identifiqué, me identificaron, y desearon tener un revólver que yo les hubiera ofrecido gustoso.

Volvía de un día agotador, en el que había conocido el rastro de Madrid por primera vez, y lugares donde tomar algo en Malasaña que me encantaron. Descubrí zonas de Madrid por las que no había pasado jamás y me reencontré con otras que pude vivir de manera diferente.

El domingo que planeaba quedarme descansando en el hotel, una llamada me acabó llevando a hacer cola en la entrada de un cine. Películas de terror de los 80 gratis, copa gratis (que no me terminé) y un espectáculo que no había visto jamás. El público gritaba, se reía a carcajadas, fumaba y hacía botellón en la sala de cine, de butacones "vintage" mientras los organizadores animaban a más no poder. Una chica explosiva se desnudó hasta terminar luciendo una lencería de cuero negro para lanzar regalos al público y una transexual disfrazada de zombie... bueno, llevaba el show a su manera.

La primera película, The Midnight Hour, una mierda infumable. Lo mejor los videos que ponían al principio. Trailers varios y chorradas de youtube.

A todo esto, he empezado a leerme 1984. Debo decir que aunque al principio no me atraía mucho, tras las 4 ó 5 primeras páginas me fue gustando más y más. Sólo llevo leídos 4 capítulos, y de momento lo recomendaría.

El sábado había sido diferente. Hablando inglés con una chica de Colombia sólo por hacer el tonto, después de estar bebiendo lo más barato y peligroso que he tomado jamás. Luego cantando con ella y gritando por toda la Gran Vía... indescriptible. Pero obvio que no sólo puedo hablar de ella, porque éramos más. Pero como dije al principio, no me apeece mucho hablar de Madrid.

Ha sido un viaje extraño pero necesario.

La noche del domingo llené la bañera con agua caliente. Me encanta ducharme en los hoteles, porque no se acaba jamás el agua caliente (Bueno, salvo en aquella mierda de Almonte con las puertas de aluminio) Y si no te importa mucho tu culpa sobre el cambio climático, te puedes pegar el tiempo que quieras bajo el grifo. En este caso no fue ducha, sino baño. Esperé que acabase de sonar el unplugged de Nirvana completo antes de salir de allí. Me comí un bombón de los que me habían dejado de atenciones... Era una habitación para dos. Bombones, cama 2x2

También fue gracioso que cuando llegué, la chica que me atendió en el mostrador, me reconoció. (Yo a ella no, por eso de mis despistes y mi mala memoria) Y queda realmente mal no acordarse de alguien con quien has pasado toda una noche, haga el tiempo que haga.

Insisto, Madrid (Y España. porque a esta chica la conocía de Huelva) es un pañuelo.

Y yo que hubiera querido ir de estrella del rock, acabé borracho pero sin destrozar la habitación. Algo fallaba. Llevaba las pintas y la actitud. Me volví pesado y divertido. No recordaba una noche tan loca como la de aquel sábado, pese a acabar arrastrado, como en mi "niñatez"

Fallaba yo. Fallaba que sin darme cuenta, me he convertido en un ser que detesto. He perdido la capacidad de sentir algo. Vuelve a haber una Asociacion de Víctimas de Sam, como ya la hubo tiempo atrás... Que orgullo, ¡que ego! Que idiota.

"[...]
He recorrido el mundo
buscando una ciudad que no hubieras pisado
y quedarme allí.
He besado vírgenes,

abrazado santos.

He vuelto a sentirme
egoistamente deseado
[...]"


Me da miedo releer mis poemas. Este de 2007 ya presagiaba algo.

Pero está bien de hablar de mí, y de Madrid. De los deseos y mi frialdad aparente. Entiendo que mi actitud genere víctimas, pero yo mismo soy víctima de una actitud que no puedo controlar. Que provoca situaciones dolorosas. Es mi propio dolor que no me deja avanzar.

Soy yo, que intento abrir una ventana, una puerta, una rendija. Que me esfuerzo, pero el huracán desatado en mi cabeza la cierra y me envuelve. Me lleva a no saber dónde amanezco, como la mañana del domingo. A no saber si lo que hago está bien. Y de verdad que no quiero hacerle daño a nadie. No entiendo a este Sam que se entusiasma y se desinfla, que nace y muere cada día, como si todo lo de su alrededor fuese nuevo, diferente... como si todo lo aprendido no me hubiera servido nunca de nada.